
Sentenciados desde el alma y el esperma.
Poseedores de prontuarios heredados de placentas de abandono y sufrimiento.
Vidas cruelmente digitadas por el empecinado destino de padecimiento y dolor.
Sueños abortados y vidas robadas.
Demasiados uruguayos, nacen, viven y mueren en unos pocos años, una carrera de indignidad, miseria, odio, ausencia y abandono.
Nacen sabiendo que
su suerte esta echada.
El final está a la vuelta de la esquina es cuestión de suerte o puntería.
El desprecio de la sociedad lo mamaron desde sus primeros pasos.
Su comprensible agresividad y desprecio por la vida ajena es fiel reflejo,
es espejo inevitable de su propia historia.
Las crónicas frías, los datos estadísticos, las cifras oficiales dicen que ahora los niños delincuentes salen a laburar, a ganarse el mango, a ganarse una reputación entre sus pares, cada vez más chicos.
El pibe de 12 años que asaltó un par de colectivos hace unos días, y cubrió su huída a los balazos, ahora es considerado un "héroe" entre los internos de la colonia donde está detenido, supuestamente donde intentan recuperarlo para devolverlo sano a la sociedad.
Sus padres no fueron a verlo cuando fue detenido.
La policía los fue a buscar en cumplimiento de una orden judicial, porque ellos no se tomaron la molestia de ir a verlo.
¿Alguien duda cuál será el destino de este “héroe precoz”?
No creo.
Seguramente, cuando salga del internado, reincidirá -envaletonado ahora con su fama de malevo y “pesado” ganada a los tiros mediante los códigos de la calle- y al poco tiempo volverá a enfrentarse a la “yuta” en algún enfrentamiento callejero.
Ganará y perderá hasta que, más temprano que tarde, caerá en combate.
Culpable o no.
Como cayó ayer W.S.D. de 16 años cuando corría con un amigo por la calle Iturria en la esquina con la vía férrea del barrio "La Estación" de Pando.
Al pibe, la certera bala que un comerciante disparó desde su domicilio, lo mató al instante.
Le disparó con una escopeta porque sintió ruidos, y comprobó que le habían robado unas sillas y, según él, uno de los delincuentes era W.S.D.
Las sillas quedaron tiradas en la calle, igual que el malhechor de 16 años.
El vecino levantó las sillas, pero las crónicas no dicen que haya levantado al malviviente.
Juntó una a una sus pertenencias avaluadas en total, en unos U$S 20 y volvió triunfal a su domicilio con el sabor victorioso del deber cumplido.
El niño, quedó tendido desparramando, abandonado, solo, derrotado.
Su vida mutará en un oscuro número que ingresará como una fría cifra en alguna planilla de Excel de las autoridades de turno, que luego analizarán los expertos en infancia y sociedad, en algún simposio organizado por la Unicef..
Respuestas inocuas.
Sin embargo, mejor suerte corrió otro pibe, esta vez argentino, de 13 años que asaltó un autoservicio en la ciudad de Bahía Blanca hace unos 10 días.
Utilizando una pistola de juguete, luego de robar el local, salió corriendo con su botín de unos U$S 70.
El propietario, Abrahan Bueno, indignado, lo persiguió por varias cuadras hasta que lo alcanzó.
Cuando vio que la pistola era de plástico, comenzó a golpearlo con una violencia incontrolable.
“Me puse como loco, hasta que me di cuenta que era un niño”.
Lo soltó, lo cobijó y le dijo que no lo denunciaría a la Policía si el chico le prometía que una semana después, volvía y se presentaba en su comercio a trabajar.
A pesar de las incredulidades de empleados y familiares del empresario, exactamente a los siete días, ya repuesto, y con apenas algunos machucones, el niño se hizo presente para comenzar su primera jornada laboral.
En realidad, para comenzar mucho más que eso.
Para empezar a vivir.
Cuestión de matices.
Humanismo o gatillo fácil.
Será cuestión de optar.
Y brindar respuestas concretas.