miércoles 29 de octubre de 2008

Abandonados a la buena de Dios…


Como parias que el destino se empeñó en deshacer, dice el tango, que sin embargo no habla de la infancia de nuestros días.
Estos devaluados y obscenos tiempos más violentos aún que los que nos mostró Quentin.
Dos casos recientes recorren las redacciones de los diarios del mundo y van a explotar mañana en las páginas rojas.
En Tucumán, una madre adolescente, de 17 años, totalmente enferma por los estragos del Paco –droga residual del estilo de la pasta base- vendió a su beba de cinco meses para comprar droga.
La compradora era una señora mayor, no adicta, que acordó la transacción en unos U$S 80.-, a pagar en cómodas cuotas semanales.
Cuando la abuela de la beba escuchó el relato de su hija pensó que era una broma.
Por las dudas llamó a la Policía para no perder tiempo.
Las autoridades llegaron a la casa de la compradora y recuperaron a la niña al tiempo que detuvieron a la madre.
Maldita generación de cerebros carcomidos y abandonados por sociedades demasiado ocupadas en urgencias de Shopping & I Phone.
Tiempos violentos de desprecio por la vida misma.
Vidas que nacen sentenciadas a un final cruel.
Tanto como el que le tocó a Islam Amr, un niño de tan solo 11 años, en Egipto, que olvidó hacer los deberes en su casa.
Cuando llegó a su escuela, su maestro comenzó a gritarle por no haber realizado la tarea.
Haytham Nabil Abdel Hamid, de 23 años, primero lo golpeó varias veces con una regla de metal.
Y siguió, y siguió, hasta que el niño cayo desmayado, pero su maestro siguió y siguió pegándole con saña para que la lección entrara con sangre en su cabecita.
Lo mató.
Acaso porque en estos tiempos, para algunos, la vida no vale nada.
Ruleta rusa a la que no eligieron jugar demasiados niños condenados por las deshumanizadas sociedades de hoy.
Abandonados a la buena de Dios…