miércoles 22 de octubre de 2008

Botnia, Periodismo & Etica


La colega argentina Estela Gigena, construyó su carrera a puro sacrificio, esfuerzo y talento.
Ha trabajado en distintos medios radiales, televisivos y escritos de Gualeguaychú en Entre Ríos y su mayor reconocimiento profesional lo alcanzó el pasado año cuando obtuvo el premio Don Quijote que otorgan la Agencia EFE, la Junta de Comunidades de Castilla y el Instituto de Cooperación Iberoamericana, y que se lo entregó en Madrid, el mismísimo Rey Juan Carlos de Borbón.
Referente indiscutida de los medios, periodista de raza, obviamente Gigena mantuvo siempre una postura seria y objetiva a la hora de investigar sobre las consecuencias ambientales de Botnia en el río Uruguay, como así también sobre la controversia binacional tanto en el corte del puente, como en el juicio de la Corte de la Haya.
La obviedad de destacar su trabajo profesional no es caprichosa porque la mayoría de los medios de la zona editorializan escandalosamente con el discurso catastrófico de los asambleístas augurando todo tipo de desgracias ecológicas irreparables.
Conversamos muchas veces sobre la lógica preocupación de los vecinos de Gualeguaychú por los efectos de la pastera en su zona, pero siempre mantuvo el criterio racional de escuchar, investigar, se preocupó primero por estudiar el tema y luego se lo transmitió a sus lectores.
No fue fácil sobrellevar esa tarea.
Los fundamentalismos enfermizos de un minúsculo grupo de los asambleístas no aceptaron nunca su objetividad.
A ella como otros actores (médicos, abogados, ingenieros, entre otros) de la sociedad gualeguaychense no le perdonaron semejante traición a la patota pseudo ecologista.
Es claro que la inteligencia nunca se llevó bien con los prepotentes.
Gigena
no se amedrentó por lo que siguió actuando sin reparar en los subdesarrollados mentales.
En los imbéciles, bah.
Ahora cometió la terrible e imperdonable ofensa a la patria al entrevistar a Omar Lafluf para que diera sus puntos de vista.
Demasiado para algunos.
Cruzó la raya.
Se fue al carajo.
El resultado fue tan obvio como previsible: Estela no trabaja más ni el diario El Día de Gualeguaychú, donde era editora, ni en Radio Cero FM, donde conducía el periodístico de la mañana.

En la lógica de los eco piqueteros, fue un triunfo de la asamblea.
Para el resto, la inmensa mayoría, fue un elogio a la dignidad.
Para sus hijos debe haber sido uno de los mayores orgullos de vida.
Los periodistas como Estela Gigena dignifican la profesión.
Alientan la esperanza.
Y también desnudan carroñas y desenmascaran cobardes.
Depende del lado que cada uno y su consciencia opte por ubicarse.
Ella no dudó.