
Coincidiendo con Paez, la vida misma es una cuestión de actitud.
Todos nuestros actos, desde los más ínfimos hasta los trascendentes.
Acaso por ello, la controversia planteada por los viáticos de los asesores de Rodolfo Nin Novoa en los viajes al exterior es apenas una pequeña parte de un problema mayor: la lógica de muchos funcionarios públicos -la mayoría, tal vez- que las cuentas se rinden a un compañero de trabajo, es decir a un similar.
Es que la sociedad, la ciudadanía -el que paga esos viáticos- está por fuera del sistema para recibir información. Está en cambio, bien dentro del sistema para mantenerlo económicamente.
Los miles de dólares cuestionados a los asesores de Nin en el caso del viaje a España no es algo menor, porque de acuerdo a las denuncias del senador Julio Lara, incluyen por ejemplo, que todos los traslados de la comitiva en la madre patria fueron realizados en taxi, cuando -precisamente- uno de los asesores que viajaba era el chofer del vicepresidente.
Brutal, llevó al chofer para andar en taxi...
Pero también las denuncias se refieren a una estadía de otro de los asesores en un hotel a más de 300 kilómetros de la ciudad a la que supuestamente estaba destinado el funcionario.
Casualmente, parece que la familia del viajero –coincidentemente, de pura casualidad nomás- estaba por allí.
Además de bacanales cenas en restaurantes de lujo, facturas por idénticos importes en un mismo lugar, y otras presuntas irregularidades que deberán ser investigadas, por aquello que supuestamente “se terminó la joda” tal como sentenció el hermano del presidente Vázquez.
Insisto que no existe la cultura de la rendición de cuentas como algo instaurado democrática y públicamente en nuestra sociedad.
No hay casi explicaciones de lo que se ha hecho y cuales fueron los resultados y beneficios que se obtuvieron en los viajes al interior y exterior, por parte de los funcionarios que ocupan cargos en la administración pública.
Sean políticos o no.
Todo queda en una nebulosa de burocracia y amiguismo.
Así, al tiempo, casi siempre con los cambios de gobierno, recién allí nos enteramos las aberraciones que han cometido jerarcas gastando cientos de miles de dólares en vacaciones, regalos y un sinnúmero de beneficios personales y familiares.
Aunque en este entorno de descrédito y abuso de los dineros públicos, no todo es negro.
También existen las excepciones.
Tan honrosas como llamativas.
Mi amigo Pablo Carné (para las planillas del Mides), “el Churrasco” (para el resto del planeta) tuvo que recorrer unos 2.500 kilómetros en cinco días junto a un compañero, para realizar mantenimientos en el sistema informático y las redes de las distintas reparticiones del ministerio en el país.
Fueron con $ 12.000 para comidas, combustible, hoteles y gastos imprevistos.
Unos U$S 550 para dos personas en cinco días
Menos de lo que salió una sola cena del chofer de Nin en España.
Muchísimo menos.
La cena de Zaragoza salió unos U$S 900.
La diferencia es que Pablo y su compañero cuando volvieron extenuados de la recorrida, devolvieron $ 6.215 que les sobraron de los $ 12.000 que les otorgaron de viáticos en el Mides.
Más de la mitad.
Del Churrasco no me extraña porque lo conozco hace casi 20 años y no hay dos opiniones: es un fenómeno. Un tipo sensacional, un flaco único e irrepetible.
El típico crá. Así como suena...
Bromeando, cuando me contaba las peripecias que tuvo que hacer para que le tomaran el dinero sobrante me dijo que no están acostumbrados a recibir plata “de vuelto”.
No tenían demasiado previsto el mecanismo por obvias razones.
Porque casi nunca pasa.
Y sino mira el Parlamento…
Dos actitudes tan brutalmente contrapuestas que cualquier comentario puede aparecer como un insulto a su inteligencia amigo lector.
Un monstruo el churra…
Mismo.
Y eso es solo una cuestión de actitud.



