Yo nos los voté para que, en lugar de gobernar, se pasen horas, días, meses, intentando ser reelectos en sus cargos a contrapelo de la constitución y las leyes.
Yo no los voté para que me prohíban ver publicidad de Pilsen o Patricia.
Yo nos los voté para que se dediquen a viajar alegremente por el mundo despilfarrando obscenamente sumas escandalosas de viáticos dolarizados.
Yo no los voté para que defiendan groseramente al procesado Juan Carlos Bengoa, actual huésped de Cárcel Central.
Yo no los voté para que se enteraran por los diarios que Pluna no viajaba más a España y que no supieran explicar claramente cuántos millones de dólares perdió el Estado gracias a una asociación nefasta.
Yo no los voté para que tardaran en solucionar un conflicto municipal, la misma cantidad de años que duró la Segunda Guerra Mundial, y por si fuera poco, con el brillante corolario de incluir en la fórmula de acuerdo, la bendita cláusula de aumento del 100% del IPC, que fue –precisamente- el detonante de la patética incapacidad para resolver los problemas de los montevideanos, justo ahora que estamos viviendo la mayor crisis financiera de la historia de la humanidad.
Yo no los voté para que defendieran al oscuro empresario Oscar Dourado.
Yo no los voté para que le asignaran en forma directa cientos de miles de dólares del Estado a la productora de Danilo Astori (h), casualmente, hijo del ministro de economía de aquellos días.
Yo no los voté para que designaran embajadores a los amigos que perdieron sus bancas de diputados porque la ciudadanía no los respaldó.
Yo no los voté para que me prohíban ver publicidad de Pilsen o Patricia.
Yo nos los voté para que se dediquen a viajar alegremente por el mundo despilfarrando obscenamente sumas escandalosas de viáticos dolarizados.
Yo no los voté para que defiendan groseramente al procesado Juan Carlos Bengoa, actual huésped de Cárcel Central.
Yo no los voté para que se enteraran por los diarios que Pluna no viajaba más a España y que no supieran explicar claramente cuántos millones de dólares perdió el Estado gracias a una asociación nefasta.
Yo no los voté para que tardaran en solucionar un conflicto municipal, la misma cantidad de años que duró la Segunda Guerra Mundial, y por si fuera poco, con el brillante corolario de incluir en la fórmula de acuerdo, la bendita cláusula de aumento del 100% del IPC, que fue –precisamente- el detonante de la patética incapacidad para resolver los problemas de los montevideanos, justo ahora que estamos viviendo la mayor crisis financiera de la historia de la humanidad.
Yo no los voté para que defendieran al oscuro empresario Oscar Dourado.
Yo no los voté para que le asignaran en forma directa cientos de miles de dólares del Estado a la productora de Danilo Astori (h), casualmente, hijo del ministro de economía de aquellos días.
Yo no los voté para que designaran embajadores a los amigos que perdieron sus bancas de diputados porque la ciudadanía no los respaldó.
Yo no los voté para que crearan 12.000 nuevos empleados vip del Estado.
Yo no los voté para que me hablen que los robos, copamientos y homicidios son en realidad sensaciones térmicas promovidas por los malditos periodistas y la derecha vernácula.
Yo no los voté para que el estudio jurídico del anterior “jefe de gabinete”, el ex secretario de la presidencia del gobierno, promoviera y ganara juicios millonarios contra el propio Estado.
Yo no los voté para que cuando en tiempos en que el barril de petróleo bajó exactamente a la mitad, me intenten explicar que es necesario subir el precio del transporte colectivo.
Yo no los voté para que me justifiquen que los limpiavidrios y los malabaristas tienen que pagar impuestos por la limosna que reciben en la calle.
Yo no los voté para que un senador referente como Eleuterio Fernández Huidobro haya faltado más de 100 días a trabajar en el Senado.
Yo no los voté para que una ministra me confirme que puso al novio de su hija a trabajar en su ministerio porque quiere que se casen.
Yo no los voté para ver payasescamente a otra ministra en pleno acto oficial, andando a caballo con aires de heroína, mientras que la banda policial le ponía el toque kitsch -típico de esta administración- interpretando los acordes del bolero “Bésame mucho”…
Yo no los voté para que usufructuando su mayoría parlamentaria, impidan sistemáticamente la formación de comisiones investigadoras sobre temas de dudosa transparencia.
Yo no los voté para que ganando un sueldo de senador se atiendan con un “carné de pobre”.
Yo no los voté para que cargaran con furibundos agravios contra la Suprema Corte de Justicia cuando no les gustó una sentencia, en una aberrante demostración de desprecio institucional.
Yo no los voté para que en un viaje oficial a Israel, una ministra baile arriba de una mesa, moviendo ordinariamente el culo, en lugar de ocupar esas horas en trabajar por y para los uruguayos.
Yo no los voté para nada de eso ni para muchas otras cosas que han estado haciendo.
Yo los voté para que comenzaran a construir un país distinto.
No era tanto pedir después de esperar 30 años.
Un Uruguay un poco más digno, más honesto, menor corrupto, infinitamente menos frívolo, más íntegro.
Déjense de joder con las re re re elecciones y las pre pre pre candidaturas y pónganse a laburar que para eso los votamos cientos de miles de uruguayos ilusionados.
No es tanto pedir, pienso...
Yo no los voté para que me hablen que los robos, copamientos y homicidios son en realidad sensaciones térmicas promovidas por los malditos periodistas y la derecha vernácula.
Yo no los voté para que el estudio jurídico del anterior “jefe de gabinete”, el ex secretario de la presidencia del gobierno, promoviera y ganara juicios millonarios contra el propio Estado.
Yo no los voté para que cuando en tiempos en que el barril de petróleo bajó exactamente a la mitad, me intenten explicar que es necesario subir el precio del transporte colectivo.
Yo no los voté para que me justifiquen que los limpiavidrios y los malabaristas tienen que pagar impuestos por la limosna que reciben en la calle.
Yo no los voté para que un senador referente como Eleuterio Fernández Huidobro haya faltado más de 100 días a trabajar en el Senado.
Yo no los voté para que una ministra me confirme que puso al novio de su hija a trabajar en su ministerio porque quiere que se casen.
Yo no los voté para ver payasescamente a otra ministra en pleno acto oficial, andando a caballo con aires de heroína, mientras que la banda policial le ponía el toque kitsch -típico de esta administración- interpretando los acordes del bolero “Bésame mucho”…
Yo no los voté para que usufructuando su mayoría parlamentaria, impidan sistemáticamente la formación de comisiones investigadoras sobre temas de dudosa transparencia.
Yo no los voté para que ganando un sueldo de senador se atiendan con un “carné de pobre”.
Yo no los voté para que cargaran con furibundos agravios contra la Suprema Corte de Justicia cuando no les gustó una sentencia, en una aberrante demostración de desprecio institucional.
Yo no los voté para que en un viaje oficial a Israel, una ministra baile arriba de una mesa, moviendo ordinariamente el culo, en lugar de ocupar esas horas en trabajar por y para los uruguayos.
Yo no los voté para nada de eso ni para muchas otras cosas que han estado haciendo.
Yo los voté para que comenzaran a construir un país distinto.
No era tanto pedir después de esperar 30 años.
Un Uruguay un poco más digno, más honesto, menor corrupto, infinitamente menos frívolo, más íntegro.
Déjense de joder con las re re re elecciones y las pre pre pre candidaturas y pónganse a laburar que para eso los votamos cientos de miles de uruguayos ilusionados.
No es tanto pedir, pienso...




