miércoles 26 de noviembre de 2008

¿El comienzo del fin?

El coronel Hugo Chávez obtuvo una parcial victoria política en las elecciones de este domingo.
Muchos creen que esto se parece más a una suerte de manotón de ahogado, que a un fenómeno de sustento.
Luego del rechazo a su proyecto de reforma constitucional en la que pensaba recibir un paquete de medidas que se parecían más a superpoderes presidenciales que a garantías democráticas para la sociedad, Chávez se mostró frente al mundo irritado como nunca, insultante como siempre.
Gritó, cuestionó, increpó a todo y a todos.
Despidió a varios de sus más fieles colaboradores “por ineptos”, amenzó a propios y ajenos, y cargó –como siempre- contra periodistas, medios de comunicación, estudiantes y opositores.
“Ratas”, “lacras” y una interminable lista de calificativos fueron parte de su arsenal dialéctico para explicar su derrota.
Muchos creyeron que se le cerraba definitivamente entonces, la puerta a su pretendida reelección indefinida al frente del gobierno.
Ahora, con la victoria electoral de varias gobernaciones este domingo, el ex golpìsta caribeño aseguró que no está descartada la presentación de su anhelada reelección.
Esta claro que en política la ambición no tiene límites.
En Uruguay, por ejemplo, asistimos a una demostración a diario de bajezas, egos, traiciones en la carrera por un sillón presidencial de los que otrora se autoexhibían como ejemplos intachables de moral y ética.
En la Argentina de la reina Vuitton se escucha al matrimonio monárquico dar lecciones de dignidad y cuestionar la deslealtad del vicepresidente Julio Cobos con su voto “no positivo” por la resolución 125, luego que, apenas a las 48 hs. de haber asumido la presidencia Néstor Kirchner, no dudó en traicionar a Eduardo Duhalde, nada menos que el ideólogo de su candidatura al frente del justicialismo.
La ambición por el poder no sabe de nimiedades tales como el respeto, la fidelidad o la ética.
Sin embargo, el contexto político y económico para proponer una eventual enmienda constitucional a favor de la eternización de Chávez en el poder, difiere bastante de la coyuntura anterior.
El sustento del poder real del presidente venezolano ha sido -sin dudas- el petróleo.
La petrobilletera compró amigos, silenció juzgados, y especialmente, adquirió armas como nadie y como nunca en tan poco tiempo.
La plata dulce de la locura del barril del petróleo a U$S 140 todo lo podía.
Incluso, la magia de los dólares bolivarianos revolucionarios podían ayudar a los amigos del Río de la Plata con valijas cargadas con más de US$ 4.200.000 para gastos electorales.
¿Ingerencia en asuntos internos? No, para nada.
El obsceno despilfarro de la plata de todos los venezolanos no se detuvo en inmoralidades menores tales como colaborar económicamente con los “heroicos” guerrilleros de las FARC.
Todo se justificaba por la lucha socialista latinoamericana contra Mr. Danger y los “yankis de mierda” (sic).
Hasta que un día la burbuja explotó.
Se esfumó.
Y ahora el barril del oro negro está a un promedio de U$S 45.-
Apenas un matiz…
Y las FARC están derrotadas militarmente y aisladas como nunca en el contexto político internacional.
Ya nada será igual para el ex golpista venezolano.
Acaso, esta elección del domingo fue un oasis en el desierto.
Se podrán hacer varias lecturas de la jornada electoral vivida en Venezuela, pero lo que
queda claro, es que fue un poco de oxígeno para el vapuleado y devaluado caudillo bolivariano.
Probablemente, ya nada será igual.
¿Habrá comenzado el difícil camino hacia la derrota final?
Tal vez…
El tiempo lo dirá.