jueves 6 de noviembre de 2008

El Elogio de la Traición


“Pónganme a mi en el primer lugar de la lista”.
Más que una alusión a las palabras del diputado Víctor Semproni, el Dr. Tabaré Vázquez, pareció querer despejar las dudas sobre la futura fórmula presidencial del FA.
Ayer habló de los uruguayos de otros partidos que están firmando papeletas que –supuestamente- habrían llegado a sus manos.
Con una inusual agresividad verbal, declaró que es “inadmisible y vergonzoso” que se quiera derivar al Tribunal de Conducta Política a quienes apoyan su candidatura, en contra de los estatutos del FA.
La violencia de los dichos de Vázquez, sorprenden por el momento político de la campaña, y porque durante su gestión no demostró tanta vehemencia dialéctica para defender la institución Presidente de la República cuando fue groseramente atacada frente a mandatarios de todo el mundo en la asunción de la presidenta Cristina Fernández.
Allí lo vapulearon con una acusación directa y, sin embargo, cuando decenas de periodistas fueron en busca de sus descargos optó por un tímido, humilde y apocado, casi pusilánime: “no voy a hacer comentarios”.
Ambición, ego y poder son en política siamesas inseparables.
De traiciones, conjuras y deslealtades está repleta la historia política de la humanidad.
Mujica es -se sabe- quien por destrozo logra concitar una adhesión racional y emocional popular, sólo comparable en términos políticos a la de Tabaré Vázquez y que, incluso para muchos, incluso, el ex guerrillero logra superar con creces.
Y eso Vázquez lo sabe como nadie.
Para decirlo más claro, el único que puede “competir” en cierta forma con la adhesión popular y quien puede opacar su imagen de líder de la izquierda.
Es una obviedad decir que Astori no cuenta con la simpatía de demasiados frenteamplistas ni de los que prestaron el voto desde “afuera”.
Astori es un inteligentísimo dirigente de la izquierda uruguaya pero que no cuenta con un aval imprescindible: el carisma que debe tener un potencial presidente, y especialmente, ese plus que supone contar con la simpatía popular.
A su reconocida altanería, hay que agregarle ciertas dosis de arrogancia y soberba.
Fue inicialmente el elegido por Vázquez.
Lo catapultó dentro y fuera de fronteras como el mejor candidato para la izquierda, metiéndose de lleno a incidir en la puja electoral de su fuerza política.
Ahora, el ex ministro de Economía habría señalado que no está dispuesto a ser el vice de Mujica, y que solamente acepta encabezar la fórmula, en respuesta a la afirmación del líder del MPP que la pasada semana había expresado su total respaldo a la decisión del próximo Congreso del FA, “sea cual fuere el orden de la fórmula que resuelvan los frenteamplistas”.
Al desaire incial de Vázquez a Mujica, impulsando la candidatura de Astori, ahora hay que agregarle este otro nuevo reciente, defendiendo -y en cierta medida avalando- a quienes proponen su reelección. Y por si fuera poco, hay que sumarle la decisión de Astori de no respetar un pacto de caballeros que a los cuatro vientos señalaron en reiteradas ocasiones, que ambos iban a ocupar el lugar de la fórmula que los compañeros frenteamplistas eligieran.
Hay algo demasiado fuerte –evidentemente- para que a Mujica le paguen con esta moneda su deseo de ser presidente.
Votos tiene.
Arraigo popular, como nadie o casi nadie.
¿Porqué entonces dirigentes de primera línea prefieren que, hasta el velocista Daniel Martínez, pueda eventualmente ser el candidato de la izquierda, anteponiéndolo al viejo luchador militante carismático que llenó las urnas con cientos de miles de votos para que, por primera vez en la historia, el Frente Amplio alcanzara la presidencia?
¿Porqué lo están vapuleando políticamente y prefieren aislarlo y acorralarlo en un callejón sin salida?
¿Porqué con declaraciones como la de ayer hipotecan lo que les costó tanto conseguir?
Demasiadas preguntas sin respuesta.
Lo que está claro es que ya nada será igual en la izquierda.
Los maquiavélicos procedimientos, tan propios de la política de muchos blancos y colorados, eternos aspirantes a sillones oficiales que les garantizaran suculentos ingresos, impunidades casi delictivas, fueros absolutorios, y acomodos familiares, no difieren casi nada con esta patética demostración de rencores, egoísmos, traiciones, puñales por la espalda, carroñas y celos que nos presentan los dirigentes de izquierda mucho más preocupados por sus complots y vanidades que por los problemas de la gente.
Vázquez había dicho en una entrevista (traída de la desmemoria por Antonio Alvarez en su blog) que estaba convencido que al término de su gobierno no iba a haber un solo niño con hambre en Uruguay.
Parece que las verdaderas preocupaciones del portador de la esperanza de tantos uruguayos ahora suponen otras prioridades.

Menos utópicas.
Mucho más terrenales.
Idealismos vanos, los de muchos ilusos uruguayos.
Ilusiones traicionadas.
Se viven horas de conspiraciones a la esperanza.
Yves Roucaute y Denis Jeambart publicaron un ensayo político llamado “El elogio de la Traición”.
Allí se puede leer: “la traición es la expresión política –en el marco de las normas que se da la democracia– de la flexibilidad, la adaptabilidad, el antidogmatismo; su objetivo es mantener los cimientos de la sociedad”.
Maquiavélica lógica del presente.
Cualquier similitud con la realidad del FA, es una mera coincidencia.
Perdón amigo lector, si con estas líneas sueltas aún no he sido claro, pero todavía resuenan en mi cabeza las palabras de Tabaré Vázquez que pronunció ayer:
“Pónganme a mi en el primer lugar de la lista”.
A confesión de parte…