martes 16 de diciembre de 2008

Cr. Soberbia


Danilo Astori es -sin dudas- uno de los hombres más inteligentes de este equipo de gobierno.
Capaz, idóneo, reconocido por propios y extraños, su talento para el manejo de la macro economía no da lugar a discusiones.
Su accionar político en general tampoco otorga demasiados márgenes de discusión y análisis.
Astori insiste en reafirmar su conocida imagen de arrogancia y altanería.
Vale reconocerle su frontalidad, absolutamente clara y sin matices, de presentarse en algo así como un “ser superior” que felizmente ilumina nuestros destinos y a quien a esta altura de las circunstancias deberíamos agradecerle su existencia.
Una y mil veces se ha encargado de reiterar su condición (auto impuesta) de ser un líder quasi supremo.
Después de Astori, venimos -mucho más abajo- el resto de los mortales.
En los días previos al Congreso de su fuerza política, denominado nada menos que Zelmar Michellini, se empeñó en señalar que fuera cual fuera el resultado de la votación, él iba a concurrir a elecciones internas.
Ah, y por si fuera poco, reiteró su condición casi autista (políticamente hablando) al señalar que él no era segundo de nadie y que no pensaba acompañar a otro líder si no lo elegían como candidato a presidente.
De los problemas sociales, de la economía del país, de los postergados y sumergidos ni una palabra.
Su preocupación inequívoca, prioritaria, impostergable es otra: el sillón.
Desconocer una aplastante mayoría que lo derrotó políticamente este fin de semana es bastante más peligroso que el “no soy segundo de nadie”.
Es la revelación cruda y descarnada, de una lógica del desprecio por el resto de sus compañeros de partido.
Algo que no es nuevo en él, porque, por ejemplo, ya había anunciado en una entrevista de El Observador que José "Pepe" Mujica era perjudicial como candidato para el FA.
Notable.
Gran compañero el contador.
Astori llegó tan lejos en la demostración de soberbia que ni siquiera se tomó la molestia de concurrir al Congreso del FA.

Prefirió ir a un partido de fútbol.
Y todavía peor, fue a alentar a Nacional.
Mientras se definía una de las instancias políticas más trascendentes para un futuro eventual gobierno progresista, el ex ministro de economía entendió que las prioridades pasaban por otro ámbito, mucho más sustancial para el país.
Obviamente, una vez conocida la aplastante derrota que le espetó buena parte del FA este fin de semana, salió a los medios a descalificar a los otrora “compañeros del alma”.
Valenti, Pintado y Astori se empecinaron en despreciar desde los medios la voluntad de las bases frenteamplistas.
Lógica demostración de una forma de entender la política: primero yo, después yo, tercero yo, luego mis amigos incondicionales (Juan Carlos Bengoa, por ejemplo), y después allá abajo, muy debajo de mí, el resto.
Los ignorantes o manipuladores de siempre.
Los giles, bah…
Linda manera de pretender convencer a las masas detrás suyo, a puro carisma, a pura simpatía, a pura sensibilidad social, obvio.