domingo 4 de enero de 2009

La memoria

Tiempo de miradas introspectivas.

Propias y ajenas.
Tiempo de balances.
Tiempo de recambios.
Almanaques emocionales que despiertan del olvido.
Vanos intentos por esconder penas, borrar miserias, sepultar castigos.

Todo está guardado en la memoria como bien canta León.
Y allí se entremezclan afectos, heridas, soledades y reencuentros.
Acordes que recorren esa nebulosa de vida y rencor.
Pasión y desamor.
"Lo malo no es que los años pasan, sino que los años se quedan”, decía fantásticamente el inolvidable negro Fontanarrosa.
Cuba celebra 50 años de una revolución que logró alfabetizar como nadie, curar enfermos generosamente en todos los rincones del mundo, y no supo abrir las puertas a la libertad de prensa, o, por ejemplo, permitirle a los cubanos elegir a otro gobernante en medio siglo que no fuera Fidel o algún pariente suyo.
Se me confunden los recuerdos de las admirables Madres de Plaza de Mayo –ayer recorriendo las conciencias del planeta desafiando a la sangrienta dictadura argentina mostrando las fotos de sus hijos desaparecidos- ahora mezclados con la imagen del odio de su presidenta Hebe de Bonafini, escupiendo insultos a los productores rurales, o empapelando Argentina con cheques sin fondo (147 rebotados y siguió emitiendo otros sin problemas) a pesar de los millones de dólares que el matrimonio K le otorgó en un procedimiento de dudosa transparencia para su asociación y que, casualmente, administra la ex ministra de economía de Néstor Kirchner, Felisa Miceli. Sí, la misma a la que le encontraron decenas de miles de dólares escondidos en un baño de su despacho ministerial lo que le valió su procesamiento.
En este tiempo de evaluaciones y de análisis que inevitablemente supone un cambio de año, se me entremezclan los cientos de miles de toneladas de plomo que -en nombre de la Paz- caen sobre los palestinos que viven en Gaza, con las matanzas de inocentes en la madrileña Atocha, en New York o en Buenos Aires, pero estas veces en nombre de Alá.
Confundo lugares, olores, colores, sonidos, ideologías.
Confundo y vuelvo a confundir justificaciones.
¿Quienes merecen algo de esto?
¿Son todos daños colaterales de este tiempo?
Sigo sin poder encontrar respuestas.
La Onu también.
Aunque eso no parece preocuparle demasiado.
Por algo reconoció años más tarde de la masacre norteamericana en Irak, (demasiados años más tarde y varios cientos de miles de cadáveres inocentes mediante), que no existían las armas de destrucción masiva.
¿Cuántos miles de palestinos se precisan para que –como siempre- demasiado tarde emita una declaración de condena a este genocidio?
¿Algún día la emitirá?
Acaso arrasar una ciudad y por si fuera poco, bloquear el acceso de la ayuda humanitaria de medicamentos, alimentos y personal médico de la Cruz Roja, ¿no comienza a provocar una suerte de Holocausto del siglo XXI?
Ayer el Consejo de Seguridad de la Onu no emitió nada.
En realidad, con su silencio sí emitió una nueva señal política de inoperancia, vergüenza y oprobio.
Y unas horas más tarde, casi todo el resto del planeta, siempre políticamente correcto, habló de “llamamientos al diálogo”, “alta preocupación”, “congoja”, “incesantes esfuerzos por la búsqueda de una solución”, pero de condena y llamamiento urgente liso y llano al alto el fuego, casi nadie.
Honrosas y contradictorias excepciones de Brasil, Argentina, Alemania, Rumania y unos pocos gobiernos más que se animaron a exigir la detención de la invasión terrestre y unas escasas naciones llegaron a condenar los crímenes preventivos.
Veo, leo y escucho demasiados signos de desolación de la esperanza por estos días.
Un año más, una crisis más, unos muertos más, unos genocidios más, unos corruptos más, unos cargos más, unos presidentes más.
Todos pasan y pocos quedan y obviamente que lo nuestro es pasar.
Asimismo, las imágenes de la vida, pasan por la vereda de mi desmemoria dejando huellas incomprensibles.
Indescifrables para el sentido común.
Signo de los tiempos.
Signo de estos tiempos.
Duros como pocos.
Dolorosos, contradictorios, propios y ajenos como la vida misma.