miércoles 15 de abril de 2009

Memoria en Libertad



“Todo hombre se parece a su dolor”.
André Malraux


Este jueves, las tapas de los diarios seguramente van a hablar -una vez más- del hijo casi reconocido del presidente paraguayo Fernando Lugo (linda moral cristiana la del ex obispo, dicho sea de paso, que primero cortejó a una menor de edad, luego escondió a su hijo y ahora parece que se enteró que tenía que pagarle las expensas y pidió que le restituyeran el sueldo para pasar la pensión alimenticia); también hablarán de Bob, el perro de los Obama, de Evo y su salúd ahora que logró su ansiada Ley Electoral por su reelección que era tan pero tan pero tan prioritaria para los bolivianos que lo llevó a una insólita huelga de hambre (bendito sillón que estás en la altura de La Paz), hablarán de los piratas somalíes y de los hurtos y rapiñas del día.
Las prioridades informativas de los medios no suelen reparar en detalles tales como la memoria y la dignidad de la condición humana de la que nos hablaba Malraux.
Acaso por ello, seguramente poco o casi nada se publicará en las tapas de los diarios de un evento que se va desarrollar en el Museo de la Memoria. Allí, el grupo Memoria en Libertad -conformado por los hijos de presos, asesinados o desaparecidos de la dictadura militar uruguaya- inaugurará una muestra para intentar transmitir con palabras, parte, apenas una ínfima, personal y colectiva parte del sufrimiento vivido en aquellos años.
Mi querida amiga Marys Yic me ha comentado la dolorosa experiencia de volver a remover tanto sufrimiento, tanta muerte, tanta ausencia.
Niños que compartieron la cárcel con sus padres, y que tuvieron que aprender a crecer viendo –en el mejor de los casos- el sufrimiento de sus seres queridos. Otros ni siquiera tuvieron esa oportunidad y solo vieron muerte y ausencia. O tal vez ni eso.
La lógica del exterminio no sabe de pedagogía.
Desolación y crimen fue la consigna.
La presentación de mañana, será un duro momento para los niños (hoy adultos) que sufrieron tanto dolor en aquellos años. Y lo será porque aún hoy las huellas del sufrimiento están ahí nomás.
A flor de piel.
Acaso por ello, especialmente a los integrantes de Memoria en Libertad, se les hará un nudo en el alma por cada palabra de las que allí surgirán.
Felizmente, no van a estar solos.
Muchos dirán presente en el Museo de la Memoria y otros lo harán desde cada rincón del planeta.
Otros estarán acompañando desde vaya a saber qué lugar de la memoria y el corazón.
El destino suele sorprender con paradojas inexplicables.
Y ésta no es una excepción. Mañana se cumple un nuevo aniversario del asesinato del médico cirujano Vladimir Roslik, el último preso político muerto en la tortura de los genocidas uruguayos.
Recuerdo como si fuera hoy cuando me enteré del crimen y cómo ello inmediatamente se transformó en un caso emblemático a nivel mundial.
La dictadura –acaso como pocas veces- tuvo que brindar explicaciones (estúpidas claro está) sobre el homicidio y las presiones internacionales se hicieron cada vez más fuertes exigiendo respuestas.
Por eso mañana no será un día más para muchos uruguayos y uruguayas.
Tal vez el encuentro de Memoria en Libertad en el Museo de la Memoria no ocupe las portadas de los diarios. Ni mañana ni pasado ni nunca. Tal vez. Ojalá me equivoque.
Empero, personalmente, creo que difícilmente vaya a ocurrir algo más importante para nuestra identidad como colectivo social que la reunión de mañana en el Mume.
La memoria está llena de dolor y de esperanza.
Y eso es lo que están construyendo los integrantes de Memoria en Libertad.
Con su sufrimiento, con sus lágrimas y con su inequívoca e irrenunciable búsqueda de la verdad y la justicia.
Y eso también es amar y honrar la vida.