
Debo admitirlo, con los años, me estoy volviendo (peligrosamente) algo parecido a un viejo resentido.
Suelo detenerme más tiempo en señalar las cosas que aborrezco y no tanto en las que admiro.
Inevitablemente, eso me causa una suerte de fastidio que cargo en mi mochila.
Acaso por ello, hoy pensé que era hora de mutar –al menos por un tiempo- esa suerte de obsesión por la crítica y hablar de algo que me fascina y me conmueve.
Admiro profundamente la inteligencia.
Admiro los tipos que poseen el talento natural de trascender a la mediocridad y la chatura generalizada.
Admiro los tipos creativos en su más amplia acepción.
Hace un tiempo conocí –casi de casualidad- a uno de los más fantásticos exponentes de la admirable tradición argentina de humoristas gráficos, el fantástico Dr. Lecter.
El enigmático artista Dr. Lecter, emergió cuando la Argentina procesaba una de las peores crisis económicas, políticas y sociales de su historia- y lo hizo casi desde anonimato, con un mail que le envió a su círculo de amigos, y apenas en unas pocas horas, logró un merecido reconocimiento por su labor creativa.
Luego vino su Blog y luego todo lo demás.
Lo que inicialmente surgió como un chiste entre amigos se transformó en la punta de un iceberg de talento admirable.
El mágico Dr. Lecter había comenzado su carrera trabajando en agencias de publicidad pero el gran salto lo dio al integrarse al diario argentino Perfil.
Sus irónicas, profundas, admirables, maravillosas, descarnadas imágenes que se suceden permanentemente desde su Blog (sitio visitado por cientos de miles de personas) o desde las páginas del diario, conmueven, movilizan, fascinan.
Dr. Lecter es un increíble creativo inteligente, mordaz y talentoso como pocos.
Acaso una suerte de heredero de la más admirable tradición argentina de Fontanarrosa, Quino y tantos otros más.
Estimado y amigo lector, apenas por un instante, opté por exorcizar mi obsesiva idea de cuestionar tantas cosas y me detuve en el elogio de alguien que admiro profundamente.
Un tipo inteligente, mágico, culto en la mejor acepción de la palabra, maravillosamente creativo, un tipo crá.
Un crá de aquellos -mi amigo- el Dr. Lecter.
Estoy seguro que (como Gardel) el también nació en Tacuarembó...



