martes 12 de mayo de 2009

M’hijo el Flogger


A comienzos y mediados del siglo pasado fuimos el país de M’hijo el Dotor.
A fines y comienzos de este siglo pasamos a ser el país de M’hijo el Empleado Público.
La obsesión, la esperanza, el cable a tierra, el salvavidas para el futuro de los jóvenes apenas constaba en conseguir un carguito (por concurso, amiguismo o como fuera) de chofer en Antel, servir café en el Palacio Legislativo o barrer las calles de Montevideo en nombre de Santa Mabel Lolo de las Reivindicaciones Todopoderosas.
Ahora está surgiendo una nueva generación que ya ni a eso aspiran.
Ni un mísero empleo público que les garantice inmunidad a los despidos y un sueldo seguro a fin de mes.
Pibes que ni estudian, ni trabajan, ni tienen expectativas de casi nada.
Casi no existen.
Al menos para el Estado y la sociedad es como si no existieran y apenas significan una cifra estadística para ser analizada en foros organizados por el Mides y auspiciados por la Unicef, o un objeto de análisis en algún salón de la Católica bajo el patrocinio de la Onu.
Demasiados jóvenes deambulan por las calles sin saber qué hacer de su vida.
Su único lugar en el mundo lo encuentran en una esquina a la noche, en alguna barra brava del algún club de fútbol o de basketball, o en algún baile de mala muerte.
Y luego que se termina ese instante de fama, dejan de existir para el resto.
Y acaso también para ellos mismos.
Ahora, de a poco se exhiben en Internet pidiendo que los escuchen.
Esta semana, la sociedad uruguaya se conmovió porque los presuntos homicidas de dos niños adolescentes se exhibieron en un Metroflog alardeando la muerte.
Antes los homicidas se escondían, ahora -al parecer- se muestran orgullosos con un cuchillo en la boca.
Es que ahora que el resto los conoce, pasaron a "ser alguien".
Encontraron –al fin- su lugar en el mundo.
Al prontuario ahora le llaman C. Vitae.
Acá estoy.
Ese que mató soy yo.
Ahora me conocen.
Los excluidos de antes ahora están dentro de algo.
La tan ansiada inclusión social
El orgullo de dejar de ser nada ni nadie en este mundo, a mutar -gracias a la web- en un monstruo conocido.
Tiempo de la Generación Flogger, que –entre otros tantos adolescentes perdidos- donde las hijas teens de famosos exhiben sus lolas, algunos estudiantes desnorteados muestran sus peinados excéntricos, y que también, cobija, a los hijos del desprecio por la vida.
Como estos dos que presuntamente asesinaron a dos niños por usar una cadenita de otro cuadro del que dicen ser hinchas ellos.