
Algo habrán hecho.
Antes, durante y después.
Las dudas nos carcomen y nos pervierten el silencio.
Vanas señales, obsesivas, recurrentes.
Algo que no conocemos y que puede con nosotros.
Pueden más que uno.
Y por algo emergen sin que podamos controlarlas.
Historias del corazón.
Historias del alma.
Catarsis que puede más que las vapuleadas y cascoteadas neuronas.
Cuando pinta catarsis no hay con qué frenarla, ni pararla ni lo que se te ocurra.
¿Cómo explicar sino a Daisy Tourné?
¿Cómo explicar acaso, que una ministra de estado dilapide su crédito político insultando a quien se le cruce por delante (incluído un ex presidente diciéndole que no entraba a un local del partido “ni cagando”) y luego la remate con el ordinario y tristemente histórico mensaje a los militantes socialistas con la referencia a las “conchudas”.
¿Cómo explicar sino, que la ex ministra haya necesitado exponerse casi al límite del ridículo (o sin el casi) al exhibirse en su Facebook duchándose?
Señora grande che…
Pero la catarsis –como el amor- es más fuerte…
¿Cómo explicar que otra ministra haya decidido mandar al joraca el protocolo en una gira oficial junto al presidente de la república y se haya subido a una mesa a bailar y a mover el trasero?
Señora grande che…usted también ministra, por favor…
Ojo, convengamos que nadie está exento de caer en esos exabruptos del alma, pero que nuestras ministras sean las protagonistas de eso no es –al menos- común.
Personalmente, estoy atravesando mares catársicos.
Desde acá, desde mi Facebook, por mail o directamente por teléfono, me estoy encargando de transmitirle lo mucho que quiero a mucha gente que fue, es o será importante en mi vida.
Seguramente muchos de ustedes se habrán dado cuenta…
Muchos –supongo- habrán dicho algo tipo: “que rompepelotas este tipo que anda diciéndole a tanta gente en voz alta lo que piensa y cuánto la quiere”…
Bueno, mis disculpas del caso…
Sabelo.
Pero –siempre hay un pero- voy a insistir como para no dejar solas a nuestras ministras en eso de sacar afuera todo como la primavera, aunque, en mi caso, no voy a rememorar las benditas vaginas del honorable Parlamento tal como lo hizo Daisy, sino a mis afectos.
Quiso el destino que recordara por estos días mis correteadas en la escuela Brasil.
Te vi María, te vi allí con tu túnica impecable.
La más bonita de la escuela.
Y vi al Nando Italiano (grande entre los grandes), y vi a Jorgito Maestrone (nene, avisale a ese oncólogo imbécil que se deje de bobadas y que lo vamos a ir a patotear), y después a mi querido amigo Juan (floridense de pura cepa) con quien disfruté uno de los mejores fines de año de mi vida, en la mágica Punta Colorada; y vi un poco después al cuqui Sebastián Campos, en aquellos inolvidables viernes de cierre a la una o dos de la madrugada, invariablemente a contra reloj, donde cada página cerrada era una victoria; y después vi la hermosa sonrisa de Arianna Zuppardi en el altar cantando con su vestido de novia junto a las otras contraltos cuando se iba a casar con Gerardo, mientras yo dirigía -creo- Dadme Albricias. Arianna, estoy re enojado contigo porque te fuiste de acá abajo, antes que nosotros. Eso no se hace nena...
Y un poco más acá en el tiempo te vi a vos querida Denise Larrieux, cuando compartimos afectos de tu Facu -también inolvidables- en aquellos días de suplementos del pasado. Y me encanta poder decírtelo ahora, y contarte que tenes la misma mirada encantadora de antes, que transmite mucha paz y que tu sonrisa es la misma de siempre. Y que tu hija es adorable.
Hurgando en mi vida, también vi al descomunal Horacio Maglione y al gordo Carlos Trápani (beodo mayor de la vida, recibido y titulado con honores), y a mis hermanos, Sandor y Gonzalo, en la casa del viejo en Achiras y Pagola, esquina a la que ahora volvemos con cierto misticismo, a comer a la parrillada que abrieron en frente, a recordar nuestra historia: y a Laura Meléndez tecleando sin parar en las tardes de ls oficina de la calle Colonia casi Váquez, y a Germán Bense (tocando bossa como nadie en el mundo) y a Virginia Cepellini en el Suárez como siempre conspirando con Isabel Recuero.
Y casi sin querer vi a Gabrielita Di Génova, a Massi y Karina, a quienes adoro en el alma y con quienes estoy seguro que más temprano que tarde voy a reencontrarme allá o acá para darles los besos que se merecen.
Y vi a mi querida prima Carina y a mi ahijada Sole.
Y vi al querido hijo de mi amigo Yanni, Brunito Bettanin, el mejor baterista del mundo, primero porque es un crá, así a secas, un crá y después porque es mi amigo. Y vi como siempre a mis adorados hijos Mauri y Maxi.
Hermosos, mágicos.
Y más acá vi a algunos de amigos y amigas, que conozco casi de casualidad…
Como Ana Roslik (hace frío allá querida?), Marys Yic (no aflojes amiga, la vida te hizo a prueba de estos sinsabores), Alejandrita Rosencoff (divina como siempre) y Gerardo Cánepa (mi lector “namberguan”).
Y vi los ojos más bonitos del mundo, que son los de mi ex vecina de Lagomar, que se llama Victoria.
Catársicos días que me encuentran por acá…
Como para no dejar sola a la ex ministra Daisy, viste…
Los quiero mucho.
Sabelo.
Sepanlón, con tilde y con ene.
(Aunque convengamos que al lado de Daisy soy un angelito en esto de la catarsis…)



