sábado 20 de junio de 2009

Espías, Drogas & Kirchnerismo


Tribuna de Periodistas es acaso uno de los sitios argentinos donde se investiga más exhaustivamente al poder.
Literalmente al poder.
No al gobierno a secas, ni a la oposición, ni a Menem, ni a Cavallo, ni a los lobbies, ni a los narcos, ni a los jueces corruptos.
Los investiga a todos.
El poder provenga de donde provenga.
Cualquier sospecha de irregularidad en algún proceder, por más ínfima que pueda parecer la turbiedad, cualquier mínima punta suelta de un cabo que pueda inducir a algo con olor a podrido, despierta la alarma de investigación de la redacción de Tribuna.
Su director es uno de esos tipos que comúnmente se tiende a etiquetar como “kamikaze”.
Nada de sutilezas. Nada de andar pidiendo permiso.
Acaso esa sea su mayor virtud y también su mayor punto débil.
El joven periodista Christian Sanz es valiente y generalmente riguroso a la hora de chequear las fuentes y conseguir el sustento imprescindible antes de denunciar algo.
Una vez que está convencido que los elementos probatorios son reales y serios, y no son “fruta podrida” -como se dice en la jerga de las redacciones- no para.
Aunque la investigación la haya realizado alguno de sus periodistas y no él, confía ciegamente, respalda a muerte a sus periodistas y los banca hasta el final.
Es una aplanadora y allí es donde –seguramente- comente algunos errores que -en algunas ocasiones- conspiran contra cierta dosis de credibilidad de su medio.
Porque en la vorágine del “sí o sí” se suelen cometer errores gruesos, imperdonables, como los que ya ha cometido Tribuna de Periodistas (aunque, vale la salvedad, siempre de buena fe) en temas que no fueron tomados con el rigor necesario. Empero, en el balance, son infinitamente muchos más los aciertos lo que les ha permitido mantener una nada despreciable cuota de credibilidad periodística imprescindible en esta profesión.
Fueron demoledores -por ejemplo- a la hora de investigar y denunciar decenas de hechos presuntamente delictivos del matrimonio Kirchner.
Denunciaron casos estremecedores de presuntos enriquecimientos ilícitos, manipulaciones de la Justicia, licitaciones truchas, la oscura relación entre el ministro Aníbal Fernández y las drogas, y -entre otras tantas denuncias- algunas recientes sobre el despilfarro del dinero del Estado.
Fueron los impulsores de una causa judicial por la presunta usurpación de título de la presidenta Cristina Fernández.
Sanz pidió a la Justicia que investigue si realmente es abogada –tal como lo afirma la presidenta- o no, como él lo sospecha.
No hay título, no hay compañeros de generación que se acuerden de ella y su graduación, no hay casi nada.
El decano de la Universidad en la que supuestamente se recibió de abogada Cristina Fernández, desde hace mucho tiempo que no atiende llamados telefónicos ni periodistas ni a nadie, y se ha transformado en un autista académico.
Obviamente, ni Christian Sanz ni su medio Tribuna de Periodistas son precisamente los más queridos del otro lado del Río.
El periodista casi siempre molesta, incomoda, jode, rompe las pelotas, bah.
Malditos periodistas de ayer, de hoy y de siempre.
El punto es que en la tierra de Yabrán y de José Luis Cabezas, no andan con chiquitas.
Cuando te metes con el poder real, de alguna manera u otra te van a recordar que el sartén tiene un solo mango y –generalmente- está apoyado en "su" mano.
Hace unos días Tribuna denunció y publicó los nombres de los testigos de identidad reservada que supuestamente implicaban a Francisco de Narváez (el principal contrincante electoral de Néstor Kirchner) en una causa que mencionaba alguna relación del candidato con el tráfico de efedrina.
La causa tiene un tufillo a operación de inteligencia que se huele desde la otra punta del planeta (si es que el planeta tiene puntas, obvio).
Además de los aprietes de siempre, recurrentes, estúpidos, infantiles -característicos de los malevos de celular sin registro- le hackearon su sitio web.
Como tantas otras veces.
Empero, el detalle novedoso esta vez fue que el virus troyano que le instalaron a distancia, venía con premio: también bloqueaba el sistema operativo de cada lector que simplemente escribiera la dirección en la barra del explorador.
Una sutileza de los servicios, digamos.
Todo un gesto de su parte, detenerse en dedicarle un poco de la medicina curativa originalmente elaborada para periodistas díscolos, precisamente a los propios lectores. Por el mero hecho de pecadores claro, que osaron cometer la herejía de prestarle atención a semejante cueva de difamadores y calumniadores profesionales.
Las miles de personas que tuvieron que formatear sus discos duros por este troyano de mirada esquiva, sin embargo, no creo que dejen de leer uno de los pocos medios (Perfil es otra de las honrosas excepciones) donde pueden enterarse solventemente, cómo es realmente la ideología y el accionar del kirchnerismo.
Contradictorio como pocos, claro, el modelo.
Ese modelo K. que puede hacer convivir bajo un mismo paraguas, su política sobre Derechos Humanos y memoria colectiva que fue elogiada internacionalmente y el elogio al sesentismo.
Que despotrica contra la infamia de la década de los ’90 (donde Néstor K. pronunció su inolvidable frase: “Menem es el mejor presidente de la historia de la Argentina”) mientras se rodea de los más oscuros personajes del sindicalismo y las patotas piqueteras otrora adictas y leales a Menem.
Y por si fuera poco en este cambalache de ideología & poder, logra concitar el respaldo de reconocidos intelectuales y periodistas de raza como Horacio Verbitsky en Carta Abierta.
La parapléjica visión de la democracia del matrimonio K. no soporta disidencias.
No sabe de tolerancias.
El estilo K. impuso la norma imperante de tener una visión tuerta de la representatividad democrática.
Néstor destroza a sus aliados si no le otorgan el “sí señor” incondicional y sumiso que desde su cargo de facto exige a los demás. No se admite el “no positivo” a sus órdenes.
Acaso por todo ello, las denuncias de Sanz no sorprenden.
Las consecuencias del desgaste de esta forma de entender la política, y su repercusión en las elecciones del próximo domingo son inciertas.
Imprevisibles.
Porque –se sabe- en “la” Argentina (como les gusta decir a ellos) dos por tres se puede encontrar juntos, socarronamente cómplices, tomando un café en algún encantador boliche de San Telmo, a la mano de Dios con la cola del Diablo.