lunes 15 de junio de 2009

Unos sí y otros no


Por enésima vez, se volvieron a amotinar los niños y jóvenes que están detenidos en la Colonia Berro.
Cuando escuché durante casi una hora, la semana pasada las condiciones en las que están depositados los pibes en esos galpones, me costó creer que la ministra Marina Arismendi explicara que había algo de intencionalidad de parte de los funcionarios con estos motines. Lo sugirió, dijo que era demasiada coincidencia por los momentos de reclamos.
Si dormir en un colchón en el piso, en habitaciones inundadas, con vidrios rotos en pleno invierno, conviviendo con ratas que cuando te descuidas te muerden (hay varios casos comprobados) y sin el más mínimo incentivo para una rehabilitación medianamente digna en el horizonte, si a todo eso se le puede llamar “intencionalidad” tal vez habría que preguntarle a la ministra de quién está hablando, porque en principio parecía que los responsables de esa realidad son los propios jerarcas (¿in?) competentes los que permiten que esos menores infractores estén viviendo así.
Parece inevitable señalar que este gobierno fracasó estrepitosamente a la hora de encauzar una realidad siempre postergada, siempre pendiente de una solución razonable, medianamente digna.
Cuesta creer que no haya gente en la administración que tome decisiones lógicas, que ejecute soluciones, que encuentre respuestas inmediatas.
¿Cómo pudo la actual administración omitir reparar unos simples vidrios?
¿Cómo no dispusieron inmediatamente los recursos para mejorar ese basural de cemento que es la Colonia Berro?
¿Cómo creen que van a salir a la calle esos pibes después de esa experiencia?
¿No es en cierta forma someter a niños infractores a una suerte de Talión revanchista el encerrarlos en esas condiciones por los delitos que hayan cometido?
¿No hay gente capacitada para tomar decisiones inmediatas?
¿Cómo es posible que no puedan controlar a unos 20 o 30 menores?
Más recursos, más personal, la ejecución inmediata de los convenios ya refrendados con diversas ONGs para que los detenidos reciban cursos, capacitación, formación técnica y realicen actividades educativas y culturales ¿es tan extraordinariamente difícil de conseguir y ejecutar?
Una de las banderas de la izquierda fue la capacidad de gestionar el Estado con criterios más modernos, más ágiles, menos burocráticos.
Menos mal…
En este caso -como en tantos otros- no se nota.
El gobierno tuvo mucha celeridad para otorgar decenas de millones de dólares a Pluna (se pasaban el Hotel Argentino entre Campiani y el MTOP como si fuera una bolsa de caramelos, ah, pero en unos pocos meses, en ese pasamanos, perdimos como 2 o 3 millones de dólares).
Hubo dólares del Estado para muchas otras empresas o instituciones de dudosa prioridad si la comparamos con el Inau, como el Teatro el Galpón (otro par de millones), Tenfield y todo el lamentable, desacreditado y poco serio fútbol uruguayo o para una gira nacional de Jaime Roos, por ejemplo.
Hubo dinero sin reparos para construir cárceles especiales para los militares presos.
Hubo dinero oficial fácil y de rápido acceso para los amigos del poder de la revista Caras y Caretas y del periódico La República, en montos de pautas publicitarias que son escandalosos si se los compara con los otorgados a otros medios de infinito mayor tiraje y credibilidad periodística, que fueron discriminados ordinariamente por no ser alcahuetes de algún director de algún ente autónomo o de algún ministro.
¿Que esto no es nuevo y que siempre pasó?
Obvio.
¿Eso los justifica, los absuelve, los exculpa?
Creo que no.
Creo que por el contrario, en algunas áreas de sensibilidad social, faltó eso mismo, sensibilidad social.
Así de simple.
Faltó cambiar la actitud.
Con honrosas excepciones claro está.
Hubo y hay representantes de la actual administración que cambiaron la forma de ejercer la función pública y se pusieron el overol para ejecutar soluciones.
Incluso en temas que pueden parecer ciertamente de menor trascendencia, pero que no lo son, porque lo que la ciudadanía recibe son señales de cambio.
Por ejemplo, este sábado se produjo un hecho casi imprevisible para las autoridades del BHU con el anuncio de la venta de casas y apartamentos de su cartera.
Hace un año atrás no habían concurrido casi interesados.
Lo reiteraron ahora y fue mucha gente a hacer la cola en la puerta del Banco, toda la noche, para poder aspirar a alguna de las unidades.
Mucha gente iba a quedar allí los tres días de larga, tediosa e insalubre espera.
Inmediatamente, el presidente del BHU, Jorge Polgar, activó los mecanismos internos para que los escribanos del Banco, implementaran una suerte de registro de los que concurrían para evitarles esa estadía a la intemperie en pleno invierno.
Pero Polgar no envió a los escribanos con algún gerente o algún funcionario responsable, fue él, personalmente con ellos.
El presidente del Banco fue a hacer lo que comúnmente se llama a “dar la cara”, y a brindar explicaciones del imprevisto a sus clientes.
Solucionó en 10 minutos lo que -por omisión- generalmente el Estado no hace.
¿Eso lo convierte en un héroe?
Para nada, lo convierte sí, en un ejemplo de gestión moderna y eficiente.
Lo muestra como un ejemplo de actitud práctica, sensible y profesional.
¿Te parece poco?
A mí no.
Al contrario, comparando con otras áreas de acción de la actual administración, en realidad me parece muchísimo.
Me parece algo digno de elogio y reconocimiento.
Porque como suele decir Páez, la vida siempre, es una cuestión de actitud.
Los responsables del Inau podrían tomar nota de esta forma de entender la gestión pública como la que ejecuta Jorge Polgar.
Porque tendrán las mejores intenciones del mundo, -personalmente tengo una altísima consideración por Nora Castro, me parece una mujer elogiable e intelectualmente honesta- pero los resultados tardan demasiado en llegar.