
La reciente derrota en las urnas del presidente de facto de Argentina, Néstor Kirchner supone mucho más que un fracaso electoral.
Es el comienzo del fin de un estilo soberbio, que humilló incluso a su vicepresidente, Daniel Scioli, a los pocos días de haber asumido el anterior gobierno.
Luego, para no perder esa costumbre tan elegante de andar por la vida ninguneando a los vicepresidentes, la reina Vuitton hizo lo propio con Julio Cobos.
El matrimonio K impuso la lógica del “acá se hace lo que nosotros queremos y sino sos un golpista inmundo, que anda conspirando por los cuarteles y seguramente extrañas la década de los noventa”.
Muy tolerantes ellos, muy conciliadores en su forma de entender la democracia y las representatividades de oficialismos y oposiciones.
Muy constructivos.
Resulta obvio mencionar que en la política, la capacidad negociadora de los protagonistas ocupa un papel sustantivo para construir algo tan elemental como imprescindible para un gobierno: la estabilidad.
Sin ella, es imposible desarrollar políticas de estado a largo plazo.
Es más, sin ella es igualmente imposible lograr siquiera acuerdos mínimos para elaborar leyes que cumplan un programa de gobierno, algo tan elemental pero relevante, ya que, supuestamente, para eso es que querían llegar al sillón presidencial.
¿O no?
Mmmmm…
Vos ve…
La humillante derrota del gobierno soberbio y arrogante, supone el comienzo del fin de la hegemonía K.
Ya nada será igual.
Y como era de esperar, ahora el ex hombre de hierro, el ex todopoderoso K. en lugar de asumir la derrota y llamar a la oposición para una negociación inteligente para lo que resta del mandato de Kristina, optó por repetir la receta.
Otra vez la culpa no es del chancho sino del que le rasca los votos.
Los que no los votaron "tienen intenciones golpistas” aseguró ayer.
Hermoso.
Muy maduro –políticamente- de su parte.
Uno de los que le respondió fue el titular de la Federación Agraria de Entre Ríos, Alfredo de Angelis.
El ruralista dijo lisa y llanamente que “Kirchner es un pelotudo”.
El dirigente expresó en una FM porteña así como lo lees, sin cambiarle una coma: "no puedo creer que un ex presidente diga tantas pelotudeces".
Y remató su elevada e intelectual reflexión sobre Néstor K. señalando que "tengo que tratarlo de pelotudo, disculpame la expresión, pero él se quedó leyendo el diario de la década del 70".
Te digo algo entre nosotros?
Tan mal no estamos che, en cuanto a los debates pos electorales desde este lado del charco…
Si ya se…
Te entiendo, ta bien, aquello que “en el país de los ciegos…”
Pero igual…
Dejate de joder…



