jueves 6 de agosto de 2009

La profesión más noble del mundo


(Dedicado a mis maestras Laillie & Nélida)

Otro de los periodistas de los que he intentando aprender algo, aunque sea un poquito de algo, de su capacidad de análisis, investigación y rigor, es Horacio Verbitsky.
Admirado por Gabo García Márquez y por Eduardo Galeano, una vez dijo algo que me quedó grabado y que también lo tomo como máxima -pero no de vida- sino de profesión.
Creo que hace un tiempo ya la escribí acá en pero no me acuerdo en qué nota, y sinceramente, no me gusta andar hurgando en mis letras.
Verbitsky explicó que -según su parecer- la responsabilidad del periodista es echar sal en la herida. Molestar. Joder. Que los periodistas no deben tener amigos sino fuentes.
Hablar y contar todo lo malo de los gobiernos porque de lo bueno se ocupa la oficina de prensa y eso no es periodismo sino propaganda. Y de la neutralidad se ocupan los suizos.
Sin embargo hay pequeñas excepciones a esa regla -que comparto en su más profunda y honesta concepción- de la profesión.
Siempre –en casi todos los órdenes de la vida- hay lugar para una pizca de excepción.
Acaso por ello quise detenerme en una de las mejores cosas que hizo este gobierno.
Y viene a colación de la nota que recién escribí ("Los tuyos y los míos").
Me parece que van juntas.
Porque como te digo una cosa te digo la otra, como suele decir el sabio de la tribu, el Pepe.
El Programa "En el país de Varela, yo sí puedo" creado por el Mides en base al Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño de la UNESCO le enseñó a leer y a escribir a unos 4000 uruguayos.
El programa apunta directamente al corazón del analfabetismo para intentar lograr que no quede ningún uruguayo sin leer ni escribir.
El Programa se instrumentó en unas 80 localidades urbanas y rurales, y logró la alfabetización del 81,4% de los participantes.
Trabajaron 300 maestros y entregaron unos 2000 libros.
Eso –en mi humilde lógica- es revolucionario.
Eso es progresista.
Eso es pensar más en los demás y menos en los sillones y los cargos.
Y en un contexto de tanto descuido por las soluciones impostergables para los de abajo, entre tanto despropósito y tanta omisión de acción estatal y gubernamental hacia los que menos tienen, este plan del Mides es un elogio a los ideales.
Este Plan y el Ceibal son dos ejemplos de lo que yo quise votar cuando introduje una hoja con la carita de Tabaré junto con mi confianza y mi esperanza dentro de un sobrecito que luego deposité en una urna que estaba apoyada en una mesa con una señora de lo más simpática que hasta me dio un beso y todo.