Vagamente aceptada en voz alta, a pesar de las desconfianzas.com, y casi sin quererlo, Facebook nos sugiere amistades, nos intercambia afectos, nos exhibe desengaños, nos distancia del olvido.
Sin embargo ayer me citó con la muerte.
Sin embargo ayer me citó con la muerte.
Un spam de muerte.
Buscando mis compañeros de la querida Escuela Brasil, encontré una frase que nunca hubiera querido leer: "falleció Rossanna Néstoras".
Una divina compañera, dulce, adorable, inolvidable.
Mucho se ha escrito sobre el fin de la vida. Casi todo.
De religiones, apegos, calvarios, eutanasias, homicidios, abortos, heroicismos, sufrimientos y causas naturales.
Hasta llegué a leer algo así como la existencia de dos categorías: justas e injustas.
Debo confesar que no reparo demasiado en las disquisiciones filosóficas del tema. Me duelen profundamente algunas
Una divina compañera, dulce, adorable, inolvidable.
Mucho se ha escrito sobre el fin de la vida. Casi todo.
De religiones, apegos, calvarios, eutanasias, homicidios, abortos, heroicismos, sufrimientos y causas naturales.
Hasta llegué a leer algo así como la existencia de dos categorías: justas e injustas.
Debo confesar que no reparo demasiado en las disquisiciones filosóficas del tema. Me duelen profundamente algunas
-independientemente de su cercanía o distancia circunstancial- y otras pasan por el inevitable filtro coraza que casi todos nos hemos tenido que incorporar cuando fuimos abandonando la inocencia de la infancia.
El periodismo –además- te va proporcionando con los años algunas herramientas para mejorar esa capacidad de –relativa- inmunidad al dolor, frente a lo irreparable o irreversible. Porque de lo contrario sería casi imposible ejercer esta profesión.
Sin embargo cuando te toca el alma, no hay coraza que te proteja.
La muerte anduvo rondando por mi vida demasiadas veces.
Se llevó hijos de dos amigos del alma, se llevó amigos del alma y se llevó a mi padre, sin que yo hubiera decidido aún cicatrizar heridas, olvidar ausencias y omitir reproches.
No lo ví en sus últimos años de vida.
Tampoco fui a su velorio.
Y aún no he pasado por el Cementerio del Buceo a charlar con él.
Comprenderá amigo lector, que no me llevo bien con la Parca.
No tenemos onda.
Ayer, entre reencuentros con mis amigos de la escuela, mientras intercambiábamos fotos de hijos casi conocidos y proyectábamos un asado siempre postergado de una generación inolvidable, la muerte se me rió en la cara una vez más.
"Se murió Rossanna Néstoras" me contaron.
Una divina compañera, dulce, adorable, inolvidable.
Claro que aquellos compañeros de la Escuela Brasil, son y serán todos adorables e inolvidables.
La vida me regaló aquellos años donde todo era posible.
Los sueños estaban al alcance de la mano.
Los afectos y la amistad eran indestructibles.
La inocencia reía a carcajadas.
Claro que los años y el paso del tiempo, nos fueron mostrando otros matices un poco más terrenales, infinitamente más crueles, y, definitivamente más dolorosos.
El asado de reencuentro seguramente se va a realizar porque la celebración de la vida incluye convivir con estos golpes bajos.
Miro reír a mis adorados hijos y siento mucha paz.
Así es de contradictorio este camino.
El periodismo –además- te va proporcionando con los años algunas herramientas para mejorar esa capacidad de –relativa- inmunidad al dolor, frente a lo irreparable o irreversible. Porque de lo contrario sería casi imposible ejercer esta profesión.
Sin embargo cuando te toca el alma, no hay coraza que te proteja.
La muerte anduvo rondando por mi vida demasiadas veces.
Se llevó hijos de dos amigos del alma, se llevó amigos del alma y se llevó a mi padre, sin que yo hubiera decidido aún cicatrizar heridas, olvidar ausencias y omitir reproches.
No lo ví en sus últimos años de vida.
Tampoco fui a su velorio.
Y aún no he pasado por el Cementerio del Buceo a charlar con él.
Comprenderá amigo lector, que no me llevo bien con la Parca.
No tenemos onda.
Ayer, entre reencuentros con mis amigos de la escuela, mientras intercambiábamos fotos de hijos casi conocidos y proyectábamos un asado siempre postergado de una generación inolvidable, la muerte se me rió en la cara una vez más.
"Se murió Rossanna Néstoras" me contaron.
Una divina compañera, dulce, adorable, inolvidable.
Claro que aquellos compañeros de la Escuela Brasil, son y serán todos adorables e inolvidables.
La vida me regaló aquellos años donde todo era posible.
Los sueños estaban al alcance de la mano.
Los afectos y la amistad eran indestructibles.
La inocencia reía a carcajadas.
Claro que los años y el paso del tiempo, nos fueron mostrando otros matices un poco más terrenales, infinitamente más crueles, y, definitivamente más dolorosos.
El asado de reencuentro seguramente se va a realizar porque la celebración de la vida incluye convivir con estos golpes bajos.
Miro reír a mis adorados hijos y siento mucha paz.
Así es de contradictorio este camino.
Gracias a Facebook nos vamos a reencontrar muchos de aquella generación, seguramente rotos pero enteros como decía Benedetti.
Allí estarán -entre otros muchos- Lionel Lima (tipo y artista sensible si los hay), Víctor Giles (me acuerdo que era chiquititito, y ahora es casi un patovica), Fernando Italiano (un tipo graciosísimo, ahora usurpador de identidad, seguramente porque debe estar prófugo del FBI o de algún marido engañado), Jorge Polgar (mi compinche de la escuela, tipo brillante, el mejor de la clase por lejos, devenido en jerarca progresista), Javier "el indio" Villar (bolso baboso desde chico, resentido por tanta amargura deportiva, devenido en galán irresistible de la night montevideana), Pilar Suárez (la más alegre de todas, devenida en eso mismo, la más alegre de todas), Cristina Gamarra (la más manya de todas, devenida en madre y esposa barrabrava de la caterva de la Amsterdam), María Carratú (la sonrisa más inolvidable de todas -la novia que siempre quise y que por mi timidez nunca pudo ser- devenida en madre y esposa ejemplar) y por supuesto, allí estará, más presente que nunca, Rossanna Néstoras.
Estará su sonrisa, su hermosura, su paz.
Un beso para vos Rossanna.
Donde estés.
Te voy a recordar toda la vida.
Te vamos a recordar siempre.
Y, perdón si me ves lagrimear, pero como dice el tango, los recuerdos me han hecho mal.
Allí estarán -entre otros muchos- Lionel Lima (tipo y artista sensible si los hay), Víctor Giles (me acuerdo que era chiquititito, y ahora es casi un patovica), Fernando Italiano (un tipo graciosísimo, ahora usurpador de identidad, seguramente porque debe estar prófugo del FBI o de algún marido engañado), Jorge Polgar (mi compinche de la escuela, tipo brillante, el mejor de la clase por lejos, devenido en jerarca progresista), Javier "el indio" Villar (bolso baboso desde chico, resentido por tanta amargura deportiva, devenido en galán irresistible de la night montevideana), Pilar Suárez (la más alegre de todas, devenida en eso mismo, la más alegre de todas), Cristina Gamarra (la más manya de todas, devenida en madre y esposa barrabrava de la caterva de la Amsterdam), María Carratú (la sonrisa más inolvidable de todas -la novia que siempre quise y que por mi timidez nunca pudo ser- devenida en madre y esposa ejemplar) y por supuesto, allí estará, más presente que nunca, Rossanna Néstoras.
Estará su sonrisa, su hermosura, su paz.
Un beso para vos Rossanna.
Donde estés.
Te voy a recordar toda la vida.
Te vamos a recordar siempre.
Y, perdón si me ves lagrimear, pero como dice el tango, los recuerdos me han hecho mal.




