lunes 27 de abril de 2009

Elogio de la dignidad


Se llama Paula Echevarría.
Es periodista, actriz, productora, y carga con dos mochilas imperdonables: es inteligente y bonita.
Eso en nuestro país, no tiene perdón.
Acaso por ello, tuvo que soportar durante un buen tiempo que su circunstancial jefe, intentara en vano, humillarla ante cámaras.
El ordinario, vulgar y grosero periodista, Gustavo Antonini, fiel exponente de la mediocre cultura del periodismo deportivo uruguayo (cada día más generalizada, apenas disimulada por honrosas y elogiables excepciones tales como Mario Bardanca, Ricardo Gabito, Fede Buysan y unos pocos más), consideró que se podía posicionar como un tipo piola, un canchero bárbaro, insultando a su compañera de conducción, la periodista Paula Echevarría.
En el programa TNT que conducían juntos en TV Libre, Antonini se dedicó durante días, semanas, meses, a intentar denostar a su colega y compañera de conducción del programa.
Lo intentó en vano ya que –como se sabe- el insulto, la ordinariez, la bajeza, no solamente no la impone el que la quiere expresar, sino que por el contrario, la carga y la exhibe –precisamente- el que la promueve. El boomerang de la ignorancia.
Antonini aún no se dio cuenta que cada vez que intentó hacerse el canchero, el piola, el vivo, quedó literalmente como un pelotudo.
Quedó una y otra vez, como un imbécil que se creía muy inteligente (obviamente) por insultar la condición femenina de su compañera de conducción.
Un nabo mismo Antonini, que no solamente demostró que es ignorante, sino además, que también es un pobre tipo.
Debo reconocer que, en este tema, no soy objetivo: primero porque Paula es mi amiga y en segundo término, porque además detesto a los pelotudos que se hacen los graciosos denostando a las mujeres.
Pero, volviendo al punto, lo que Antonini nunca imaginó fue que Paula le iba a espetar una de las más fantásticas demostraciones de dignidad ante cámaras que se recuerde en la televisión nacional. Paula, lejos de “entrar en el juego” de Antonini, lejos de ofuscarse, lejos de adoptar una razonable (absolutamente justificable) actitud de contraataque y respuesta, optó por demostrarle que la educación generalmente se condice con la inteligencia: Paula, con su mejor sonrisa y demostrando su buen gusto y educación, renunció ante cámaras, explicando que no quería seguir trabajando con el ordinario de Antonini.
Paula no gritó, no lloró, no insultó, no realizó ninguna acción que pudiera ser considerada como un desplante histérico.
Fue educada, sobria, profesional, demoledora y contundente como pocas.
Pula fue valiente.
Y eso en estos tiempos de devaluada dignidad, no es poca cosa.

La cara de Antonini cuando Paula se fue con tanta altura, fue un poema.
Estoy seguro que Antonini sintió por dentro una vergüenza insoportable.
Seguramente se sitió un trapo de piso humano.
La verdad que bastante merecido lo tiene.
Un vivo bárbaro Antonini…
Un piola… ufff…
Vos ve...
Una fenómena, mi amiga Paulita.

jueves 23 de abril de 2009

El Patrón

Hugo Chávez no es el presidente de Venezuela.
Es el dueño.
Dispone de la Constitución, de la legalidad, del petróleo, de los fondos públicos, de los medios de comunicación y ahora del territorio, a su antojo y libre albedrío.
Cierra medios de prensa o canales de TV sino le gusta lo que informan, porque seguramente los periodistas que allí trabajan son amigos de Mr. Danger, y entonces por ello, si se levanta de malhumor, va al Palacio de Gobierno, dicta un decreto, los clausura o no les renueva la concesión para que se puedan mantener al aire y se termina el problema.
Así de simple.
Se cree una suerte de Big Brother venezolano, que todo lo puede, todo lo vigila y todo lo controla.
Asimismo, como quiere eternizarse en el poder, primero intentó una reelección indefinida en una reforma constitucional que fue rechazada por la ciudadanía.
Aquella derrota fue humillante para el auto proclamado sucesor de Fidel.
“Celebren esta victoria de mierda” les espetó en la cara a los venezolanos desde su trinchera Aló Presidente.
Muy democrática -obviamene- su visión del voto.
Muy tolerante con la expresión soberana de la ciudadanía.

Pero la obsesiva ambición por el poder no iba a detenerse en nimiedades tales como la voluntad popular expresada en las urnas.
Acomodando la ley a sus necesidades narcisistas, insistió hasta que logró su objetivo.
Ahora habrá Chávez hasta cuando él quiera.
O pueda.
O lo dejen.
Pero aunque no lo dejen, él seguramente va a encontrar la forma para que se cumpla su voluntad, porque para eso es el Jefe de los venezolanos. Obvio.
Ahora, en una demostración de mesianismo descontrolado, le regaló una isla al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.
La isla Petty, de unas 80 hectáreas, y que está valorada en unos U$S 20.000.000, según informó ayer el diario El Nacional de Venezuela, en realidad pertenece a la compañía petrolera Citgo desde 1900.
Chávez se ubica –obviamente- más allá de la discusión legal si Petty pertenece a una compañía privada o al estado venezolano.
Es de él.
Sea privada o sea pública es suya y por eso se la regaló a Obama.
La legalidad se acomoda.

Si es privada la expropia.
Y si es pública es suya.
Como los petrodólares de Pdvesa que -valijas mediante- han contribuido a ganar amigos incondicionales en la región.
Como los medios de comunicación, y como casi todo lo que allí hay.
Chávez hace uso a su leal saber y entender de casi todo lo que hay en Venezuela.
Casi todo.
Con los estudiantes no pudo.
Y en ciertas ocasiones, con las urnas tampoco.
Y eso no es poca cosa.
En realidad para la lógica del patrón, que hace y deshace a su antojo y según sus caprichos del día, eso es muchísimo, representa una suerte de humillación intolerable.
Un forúnculo en el ídem de la rima, que no se lo puede sacar por más que grite, patalee, insulte y amenace.
“Al patrón no se le discute carajo!!!”…
Se lo obedece calladito, chss… faltaba más….
Revoltosos de mierda….
Andar hablando de la Constitución & la Ley…
Taquelosparió…

martes 21 de abril de 2009

Terrajas

Descalificaciones, insultos, amenazas, presiones, llamadas.
Signo de los tiempos de ayer y de no tan ayer, sino del mismísimo presente.
Una y otra vez se escucha la patética frase “es una operación de la derecha vernácula” para justificar informaciones que trascienden en los medios, y que obviamente, no son del agrado del gobierno.
La censura no sabe de colores partidarios. Está obsesivamente -casi siempre- ligada al poder.
Ahora le tocó a mi amigo y colega el canario Eduardo Barreneche.
Casualmente trabaja en el diario El País.
Pero eso es un detalle.
Perfectamente podría trabajar en La Diaria, El Espectador, Búsqueda, Brecha o El Observador.
Porque su trabajo consiste en informar todo lo que considere que puede resultar importante que sus lectores conozcan.
En esta oportunidad, Barreneche concurrió al hall del Ministerio del Interior a cubrir un movilización de unos 150 policías de Canelones que se hicieron presente para reclamar que no se removiera al Jefe de Policía canario, Sergio Guarteche
En anteriores gobiernos, los policías no podían agremiarse, ni reclamar por salarios, ni por condiciones laborales, ni por arbitrariedades administrativas, ni por nada.
Desde que asumió Tabaré Vázquez, la realidad de quienes tienen la responsabilidad directa en la seguridad de la ciudadanía discuten públicamente su problemática y de ello dan cuenta los medios de comunicación.
Barreneche fue a cubrir la noticia pero se encontró con un obstáculo típico de la lógica del “maten al mensajero” de estos tiempos: un asesor de la ministra lo amenazó.
El responsable de la Unidad de Comunicación de la cartera, Enrique Rivero, asesor de la ministra, primero intentó (sin éxito) expulsar al periodista del recinto.
Luego ante la porfiada y profesional actitud de Eduardo de no retirarse y seguir cumpliendo con el trabajo asignado, y por el que le pagan un sueldo, el hombre de confianza de Tourné optó por la vergonzosa y conocida: “la próxima vez…”, típica de los que tienen la marcha atrás bien aceitadita.
Si veo que no aguanto la parada, entonces me voy al mazo, pero ya desde lejos te digo “la próxima vez vas a ver eh!!”, lógica típica de los malevos de cuarta a los que casi siempre les llenaron la cara y el orgullo de dedos y acaso por ello, se van chiflando bajito, para evitar una nueva humillación.
“Ah pero mirá que la próxima vez…” o el que nunca falta en los recreos de las escuelas onda “mirá que mi papá es Policía eh!!”.
Lo lamentable, lo vulgar, lo ordinario bah, es que eso tan estúpido lo haga en serio (o sea, no en joda como podría suponerse) nada menos que un asesor de un ministro de Estado.
Casualmente, el canario Barreneche, es uno de los que colaboran para que Rivero cobre su sueldo todos los meses.
“La próxima vez (…) ya sabés a dónde vas a ir a parar” le dijo textualmente el funcionario al periodista.
Precioso che… clap, clap, clap... aplausos por favor... miles de aplausos...
Mi amigo Eduardo le contestó delante de decenas de testigos: “no, no sé, a ver, decime a dónde voy a ir a parar???”
Rivero una vez más, demostró su valor, hidalguía, guapeza y agallas y se dio media vuelta y se fue sin decir más nada.
Una perlita che...
Una joyita digamos...
En mi barrio a los guapos de arrabal que primero se envalentonan y después se van al mazo, los llaman cobardes.
Empero, cuando son jerarcas los que amenazan a periodistas para evitar que una información trascienda a la opinión pública, a mí me paree que la etiqueta cambia, los que aprovechando un circunstancial y pasajero nicho de poder, abusan de sus funciones y amenazan o insultan a periodistas, en realidad se parecen más a otra especie bastante más conocida por compartir su nombre con una llave que se utiliza mucho en los caños de cloacas: la terraja.
Y como dijo uno de los más brillantes, admirables, rigurosos, serios y talentosos periodistas que conozco, mi amigo Claudio Paolillo, durante un juicio histórico en el que vapuleó intelectual y judicialmente al pseudo periodista y oscuro empresario argentino Federico Fasano (empresario que no sé si no figura a esta altura en el libro Guinness por la acumulación durante su trayectoria de una infinidad de demandas por juicios laborales, evasiones, despidos gremiales, calumnias, injurias, y otra amplia gama de maniobras económicas), tal vez el sayo no le quede mal a varios de los que hoy viven del Estado y se dedican a amenazar e insultar periodistas por el mero hecho de informar lo que a ellos no les gusta.

miércoles 15 de abril de 2009

Memoria en Libertad



“Todo hombre se parece a su dolor”.
André Malraux


Este jueves, las tapas de los diarios seguramente van a hablar -una vez más- del hijo casi reconocido del presidente paraguayo Fernando Lugo (linda moral cristiana la del ex obispo, dicho sea de paso, que primero cortejó a una menor de edad, luego escondió a su hijo y ahora parece que se enteró que tenía que pagarle las expensas y pidió que le restituyeran el sueldo para pasar la pensión alimenticia); también hablarán de Bob, el perro de los Obama, de Evo y su salúd ahora que logró su ansiada Ley Electoral por su reelección que era tan pero tan pero tan prioritaria para los bolivianos que lo llevó a una insólita huelga de hambre (bendito sillón que estás en la altura de La Paz), hablarán de los piratas somalíes y de los hurtos y rapiñas del día.
Las prioridades informativas de los medios no suelen reparar en detalles tales como la memoria y la dignidad de la condición humana de la que nos hablaba Malraux.
Acaso por ello, seguramente poco o casi nada se publicará en las tapas de los diarios de un evento que se va desarrollar en el Museo de la Memoria. Allí, el grupo Memoria en Libertad -conformado por los hijos de presos, asesinados o desaparecidos de la dictadura militar uruguaya- inaugurará una muestra para intentar transmitir con palabras, parte, apenas una ínfima, personal y colectiva parte del sufrimiento vivido en aquellos años.
Mi querida amiga Marys Yic me ha comentado la dolorosa experiencia de volver a remover tanto sufrimiento, tanta muerte, tanta ausencia.
Niños que compartieron la cárcel con sus padres, y que tuvieron que aprender a crecer viendo –en el mejor de los casos- el sufrimiento de sus seres queridos. Otros ni siquiera tuvieron esa oportunidad y solo vieron muerte y ausencia. O tal vez ni eso.
La lógica del exterminio no sabe de pedagogía.
Desolación y crimen fue la consigna.
La presentación de mañana, será un duro momento para los niños (hoy adultos) que sufrieron tanto dolor en aquellos años. Y lo será porque aún hoy las huellas del sufrimiento están ahí nomás.
A flor de piel.
Acaso por ello, especialmente a los integrantes de Memoria en Libertad, se les hará un nudo en el alma por cada palabra de las que allí surgirán.
Felizmente, no van a estar solos.
Muchos dirán presente en el Museo de la Memoria y otros lo harán desde cada rincón del planeta.
Otros estarán acompañando desde vaya a saber qué lugar de la memoria y el corazón.
El destino suele sorprender con paradojas inexplicables.
Y ésta no es una excepción. Mañana se cumple un nuevo aniversario del asesinato del médico cirujano Vladimir Roslik, el último preso político muerto en la tortura de los genocidas uruguayos.
Recuerdo como si fuera hoy cuando me enteré del crimen y cómo ello inmediatamente se transformó en un caso emblemático a nivel mundial.
La dictadura –acaso como pocas veces- tuvo que brindar explicaciones (estúpidas claro está) sobre el homicidio y las presiones internacionales se hicieron cada vez más fuertes exigiendo respuestas.
Por eso mañana no será un día más para muchos uruguayos y uruguayas.
Tal vez el encuentro de Memoria en Libertad en el Museo de la Memoria no ocupe las portadas de los diarios. Ni mañana ni pasado ni nunca. Tal vez. Ojalá me equivoque.
Empero, personalmente, creo que difícilmente vaya a ocurrir algo más importante para nuestra identidad como colectivo social que la reunión de mañana en el Mume.
La memoria está llena de dolor y de esperanza.
Y eso es lo que están construyendo los integrantes de Memoria en Libertad.
Con su sufrimiento, con sus lágrimas y con su inequívoca e irrenunciable búsqueda de la verdad y la justicia.
Y eso también es amar y honrar la vida.

jueves 9 de abril de 2009

Cinismo


La política suele ser un buen refugio para el cinismo.
Maniobras ejecutorias de una doble moral conocida.
Maquiavélicas acciones de demasiados actores políticos, que al ser expuestas por los medios de comunicación, suelen provocar el conocido y gastado efecto “indignación” o “ira” de los protagonistas que, luego, intentaran hacer aparecer los hechos como conjuras de mentes enfermizas que conspiran contra su objetivo final: el poder.
Maten al mensajero.
Quema esas cartas.
Apaga esa cámara.
Tiempo de off the records del desprecio por la inteligencia humana.
El cinismo del sinceramiento de las declaraciones en voz baja o en los corrillos suele indignar a quienes conocen la verdadera intención de quienes se exhiben frente a los micrófonos y las cámaras como angelitos de la guarda de los ciudadanos ignorantes (que somos todos nosotros, o sea el resto de los mortales).
Frases históricas, confesiones de parte, culpabilidades, delitos, todo salta a la luz de las tinieblas del off the records.
Lo que cuesta un poco más comprender, es cuando esa reconocida sinceridad para transmitir desprecios, ordinarieces, insultos o bajezas es realizada en voz alta, frente a cámaras o con los micrófonos encendidos.
Una suerte de impunidad de las alturas del poder, del estilo, “hago lo quiero, digo lo que quiero porque soy yo el que está acá, y al que no le guste se va a la mismísima mierda y a la recontraputísimamadrequeloparió".
¿Y qué?
¿Algún problema?
Faltaba más…

Ejemplos abundan…
Desde los que resultan insignificantes para los grandes medios hasta los que inmediatamente se posicionan en los titulares de todos los portales del planeta.
Seguramente todos tengan la misma gravedad, es decir, no hay demasiada diferencia entre una bestialidad dicha por un funcionario de la presidencia del Uruguay o el Primer Ministro Italiano.
Acaso la única se refiera a la trascendencia que puede alcanzar eso en los medios de comunicación pero el objetivo y concreto desprecio por el destinatario del mensaje es igualmente repugnante.
Dos ejemplos recientes de estos días, demuestran la lógica del cinismo en “formato sincero”. El subdirector de la Secretaría de Comunicación Institucional (SCI) de la Presidencia de la República, Gustavo Antúnez, utilizó el teléfono celular de la repartición oficial (es decir, el teléfono que pagamos todos nosotros, el 099-581700) para enviar un mensaje de texto insultando al periodista Martín Pintos, jefe de informativos de El Espectador, indignado porque no le había gustado la forma en la que la radio había informado sobre el último discurso de Tabaré Vázquez.
Lo llamó “gusano”.
El desprecio cae por estúpido y por una demostración de ignorancia que hasta provoca vergüenza ajena; la mayoría de los uruguayos conoce la tradicional política informativa de la emisora basada en un estilo de sobriedad y rigor que por momentos puede hasta llegar a parecer tedioso y en ocasiones aburrido. En cambio a Gustavo Antúnez no lo conoce nadie.
No creo ni que Vázquez lo conozca, de lo contrario, enterado de la imbecilidad que realizó el funcionario ya lo debería haber removido del cargo por ordinario y vulgar.
Se ve que Antúnez es tan insignificante que ni se molestaron en despedirlo.
El otro ejemplo, es un poco más conocido por la magnitud del emisor, a diferencia del caso de Antúnez.
El primer ministro italiano Silvio Berlusconi, no conforme con haber realizado chistes de humor negro sobre los vuelos de la muerte en los que se arrojaban seres humanos desde los aviones en el Río de la Plata desde Argentina hacia Uruguay, ahora bromeó públicamente sobre los miles de italianos víctimas del terremoto de L’Alquila, señalando que no se amargaran y que hicieran de cuenta que estaban “en un fin de semana de camping” ya que “no les faltaba nada” porque tenían “carpas, agua y comida caliente”.
Salvo sus casas, sus familiares, tal vez sus hijos, sus vecinos, sus amigos y su pasado colectivo, no les falta nada.
Obvio.
Lo patético de éstos y tantos otros casos no mencionados en estas breves líneas, es cuando el cinismo de la política desenmascara y supera la acción del off the records.
Lo dicen con la impunidad del saberse –creerse- en las alturas.
Lo que omiten, es que tarde o temprano, la vida, la sociedad, la Justicia o las urnas, más tarde o más temprano, les van a pasar la factura.
Que no les quepa la menor duda.

La Mochila


Hoy junté papeles, discos, fotos viejas, afectos.
Recuerdos que no voy a olvidar por más que la empecinada y porfiada conciencia intente no cargar demasiado sobre la cascoteada espalda de la vida.
Y guardé mis días de infancia con mis viejos aún juntos, todos amontonados en un apartamentito de la calle Canelones soñando la bicicleta que ni Melchor ni ninguno de sus cómplices me trajo.
Y también guardé mis inolvidables recreos en el patio de la escuela Brasil corriendo y jugando con María Carratú, con Lionel, con el admirable, valiente y querible Jorgito Maestrone (si lo querría desde chico yo que lo acompañé a la final en la que su murguita salió campeona de América creo que en el 83 con gol de Victorino, y fuimos nada menos que a la Amsterdam!!!), con el querido amigo del alma de aquellos años Jorge Polgar, con el adorado amigo del alma del presente Fernandito Italiano y con tantos queridos amigos.
Y mientras guardaba esos recuerdos encontré más acá en el tiempo las tardes del liceo Suárez, las reuniones de la Asceep (¿te acordás Maya?), las pintadas de los carteles para la marcha del ‘83 en la que cantábamos una y mil veces “Estudiante sal afuera… venciendo la soledad, la noche se hace día, sal afuera, y lo verás…”.
Y surgieron algunas contratapas de Maneco Flores Mora en Jaque, y la revista La Plaza, y los debates de Tarigo y Claudito Williman con Bolentini y con Rapela y el “qué tal amigos” de Germán. Pensar que ahora cada vez que me encuentro con su hijo Diego pienso cómo habría disfrutado a su nieta Agustina, pero, la vida es así y la batalla por la democracia y la dignidad lo agotó y le privó de vivir muchas cosas hermosas. Demasiadas.
Y aparecieron de la nada los miles de argentinos vitoreando enfermizamente al borracho de Galtieri que les aseguraba que ahora eran una Nación más digna porque sus tropas habían recuperado Las Malvinas y que -obviamente- estaban ganando la guerra.
Y por allí estaban también los recitales de Rumbo, Universo, Los que iban cantando, y muchos más en Aebu.
Y seguí guardando.
La sonrisa única de Adolfito Wassem; los trasnoches en la Alianza Francesa viendo a escondidas desde la cabina de iluminación, aquellos conciertos del Darno; los sábados de tarde yendo al estadio con mi hermano Sandor a gritar los goles del nando Morena y aquella inolvidable caminata por el medio de 18 de Julio después del gol en la hora en Chile de la fiera Aquirre.
Y los cassettes de Silvio cuando nos los pasábamos a escondidas; y cuando volvió Wilson que me llevó Tucuta Martinelli al Puerto a recibirlo, y que como consejo a su hijo Guido y a mí lo único que nos dijo fue, que cuando el Fusna viniera a darnos palo, si él se caía en el desbande, nosotros siguiéramos corriendo y no paráramos a levantarlo. Esa noche previa me acuerdo que no pudimos dormir de los nervios. Llorábamos de la risa de imaginar la escena, (convengamos que siempre es gracioso ver caerse a alguien pero solo imaginar al pobre Tucuta en esa situación era terrible por lo grotesco).
Y los cuernos del 60 del bondi de Amdet que iba a Malvín, cuando los guardas se bajaban y los descolgaban desde los cables, frente a la Universidad, antes de pegar la curva y saltaban los chispazos para todos lados y también los 64 dobles que parecía que se iban a partir al medio cuando agarraban una curva o un pozo.
Sinceramente, dudé en guardar un par de cosas dolorosas pero enseguida comprendí que inevitablemente forman parte de mi pasado por lo que acomodé un poco los recuerdos y allí entraron.
El dolor de ver a mi adorado hijo Maxi en un CTI con apenas quince días de vida, lleno de jeringas en la cabecita, en los brazos y en los piecitos por un problema pulmonar.
Ahora es un hombrecito, fuerte, robusto y admirable que protege y juega con absoluta paciencia con Mauri, (mi otro adorado hijo), “porque es chico y hay que entenderlo”.
La cruel partida de los hijos de Andrea Mollica y Corina Torres y la de Arianna Zuppardi y de Alejandro Amengual.
Todas incomprensibles. Horrorosas. Injustas. Desgarradoras.
Pero aquí están.
Y guardé a Piazzolla, Quilapayún, Serrat, Marx, Fidel, Alfonsín, Macbeth, Proust, Olmedo, Sábato, Maracaná, al Hugo Batalla, a Zelmar, a Sendic, al General en su balcón.
El piano de Sergio Elena, los dibujos de Pedro Gatti, los inolvidables ensayos en la Facultad de Humanidades, las cafés con Eduardo Tancredi y su perra Bonnie. Las clases de batería con José San Martín.
Y las cantarolas con Gerardo Pereyra entre whisky y rock & roll.
Conciertos en Piccadilly Circus; los paseos matinales por la Calle de los Faisanes de Bonn (¿te acordas Sandor?); los toques bluseros en Amsterdam; en París (recuerdo que terminamos a la madrugada cantando murgas con el Toto Da Silveira en Montmartre); las serenatas en el puente de los suspiros en Venecia, cantando El día que me quieras; las noches en Prato en la casa de Karina y Gabriela (dos amigas encantadoras, adorables, queribles que me enseñaron a descubrir pacientemente cada rincón de la deslumbrante Florencia, acaso uno de los rincones más conmovedores de Italia); actuaciones en decenas y decenas de ciudades y la mágica noche en País de Gales en el castillo transformado en hotel, en Cardiff, en el que tampoco pude pegar un ojo pensando en las miles de historias que habrían pasado por allí cientos de años atrás.
Mucho más acá en el tiempo, comprendí que habían quedado miles de recuerdos más.
Y decidí guardarlos también porque en este viaje, resolví que también me van a acompañar.
Ni sueñen que voy a salir solo a emprender este nuevo camino.
Ustedes vienen conmigo.
Cargué de recuerdos esta mochila sobre la espalda y comencé a andar.

martes 7 de abril de 2009

La Lista Negra


Mientras suenan los acordes bluseros, cálidos, irrepetibles del piano de Jamie Cullum y su cascada voz no deja de sorprenderme, repaso apenas en segundos, y visualizo imaginariamente un videoclip virtual, de las tantas horas vividas en este extraño -propio y ajeno- presente de listas negras, obamas musulmanes, temblores de una tierra que cruje tanto como el inconsciente colectivo que promueve patotas vecinales justicieras, y responde con hogueras inquisidoras a las que absuelve la turba enardecida.
El tiempo no para y el fin siempre -invariablemente- justificó, explicó, o al menos, permitió un guiño a los medios.
La indignación –se sabe- nunca se llevó bien con la razón, al contrario, generalmente fueron cómplices con la bestialidad.
Salvo honrosas excepciones, claro está.
Mientras el planeta asiste al espectáculo irrepetible del desmoronamiento catastrófico del sistema financiero internacional, al tiempo que el presidente Obama aboga frente al mundo por la imperiosa necesidad de la existencia de un Estado Palestino, y la bestia de Berlusconi agradece los infinitos ofrecimientos de ayuda humanitaria para las víctimas de la tragedia de L’Aquila pero los rechaza respondiendo despreciablemente que no la necesitan, y “tante grazie”, las discusiones por nuestras tierras son un poco más humildes, sencillas, casi primitivas se podría decir.
La bala que se le alojó en el cráneo a Lucas Lerner por haber cometido el salvajismo de jugar al fútbol un domingo de tarde con sus amigos en la calle, no sabía de justificaciones.
A ella la mandaron terminar con semejante afrenta a la paz social de una vecina de barrio que seguramente paga sus impuestos y le da un beso a sus hijos antes de desearles las buenas noches.
Algo que nadie jamás podrá explicar, es qué fue lo que detuvo la bala en el cráneo antes de ingresar en el cerebro.
Tal vez ese plomo consideró que los seis años del destinatario eran poca cosa para cumplir con el trabajo encargado.
Y decidió por sí misma, abortar la misión.
Lo demás es conocido.
La Justicia envió a la cárcel a la mujer a saldar su deuda con la sociedad por homicidio en grado de tentativa y Lucas ya corre y juega con sus hermanos y sus amiguitos.
Pero la indignación no sabe de raciocinio.
Y los vecinos consideraron que ellos también debían establecer su veredicto y su condena.
Le incendiaron la casa con la familia dentro.
La insensatez campea por la tierra de los taliones vecinales.
Sorprendentemente, una voz de mesura y racionalidad llegó desde Argentina donde también se viven horas de angustia y desesperación por tanta locura desenfrenada.
La presidenta Cristina Fernández, dejó por un lado su obsesión por las carteras Louis Vuitton, y las joyas Cartier y señaló sobre el punto: "nadie piense que lo que da seguridad es agarrar a palos a todo el mundo" y reiteró que hay que combatir el delito con la generación de puestos de trabajo.
"Lo que da seguridad es que la gente trabaje y cada vez tenga mejor trabajo”.
Algo de eso fue lo que intentaron explicar esta semana las ex detenidas de la dictadura uruguaya que se oponen a la reapertura de la inmundamente célebre Cárcel de Punta de Rieles y proponen establecer allí un proyecto educativo.
Tal vez, alguien las haya escuchado en estas horas de ausencia de ideas y debates.
Es que hablar de dignidad y educación no proporciona votos ni puntos de rating.
Uruguay se horroriza por las listas negras del sistema financiero mundial y suplica piedad y clemencia.
El sistema político debate, cruza dardos envenenados, pasa facturas.
Pero hay otra lista -que no es negra- que celebra la vida, la dignidad y la esperanza.
La lista de los casi 300.000 uruguayos que optaron por desafiar a la inmoralidad de la impunidad.
Esa lista llena de dignidad, de honradez intelectual, de amor, de rebeldía, tiene sabor a victoria.
En mi videoclip virtual, ahora con los acordes de fondo de Pietro Mascagni interpretados por Wlliam Orbit, me viene el recuerdo de dos mujeres excepcionales que dieron una batalla incansable por la búsqueda de la verdad.
Dos uruguayas fantásticas, maravillosas, irrepetibles, admirables que fueron protagonistas excluyentes de esta historia cada una en su ámbito y con sus experiencias de vida disímiles pero que comparten una causa de vida: la búsqueda de la verdad.
Ellas son mi admirada y adorada amiga Marys Yic y la heroica fiscal Mirtha Guianze.