Es periodista, actriz, productora, y carga con dos mochilas imperdonables: es inteligente y bonita.
Eso en nuestro país, no tiene perdón.
Acaso por ello, tuvo que soportar durante un buen tiempo que su circunstancial jefe, intentara en vano, humillarla ante cámaras.
El ordinario, vulgar y grosero periodista, Gustavo Antonini, fiel exponente de la mediocre cultura del periodismo deportivo uruguayo (cada día más generalizada, apenas disimulada por honrosas y elogiables excepciones tales como Mario Bardanca, Ricardo Gabito, Fede Buysan y unos pocos más), consideró que se podía posicionar como un tipo piola, un canchero bárbaro, insultando a su compañera de conducción, la periodista Paula Echevarría.
En el programa TNT que conducían juntos en TV Libre, Antonini se dedicó durante días, semanas, meses, a intentar denostar a su colega y compañera de conducción del programa.
Lo intentó en vano ya que –como se sabe- el insulto, la ordinariez, la bajeza, no solamente no la impone el que la quiere expresar, sino que por el contrario, la carga y la exhibe –precisamente- el que la promueve. El boomerang de la ignorancia.
Antonini aún no se dio cuenta que cada vez que intentó hacerse el canchero, el piola, el vivo, quedó literalmente como un pelotudo.
Quedó una y otra vez, como un imbécil que se creía muy inteligente (obviamente) por insultar la condición femenina de su compañera de conducción.
Un nabo mismo Antonini, que no solamente demostró que es ignorante, sino además, que también es un pobre tipo.
Debo reconocer que, en este tema, no soy objetivo: primero porque Paula es mi amiga y en segundo término, porque además detesto a los pelotudos que se hacen los graciosos denostando a las mujeres.
Pero, volviendo al punto, lo que Antonini nunca imaginó fue que Paula le iba a espetar una de las más fantásticas demostraciones de dignidad ante cámaras que se recuerde en la televisión nacional. Paula, lejos de “entrar en el juego” de Antonini, lejos de ofuscarse, lejos de adoptar una razonable (absolutamente justificable) actitud de contraataque y respuesta, optó por demostrarle que la educación generalmente se condice con la inteligencia: Paula, con su mejor sonrisa y demostrando su buen gusto y educación, renunció ante cámaras, explicando que no quería seguir trabajando con el ordinario de Antonini.
Paula no gritó, no lloró, no insultó, no realizó ninguna acción que pudiera ser considerada como un desplante histérico.
Fue educada, sobria, profesional, demoledora y contundente como pocas.
Pula fue valiente.
Y eso en estos tiempos de devaluada dignidad, no es poca cosa.
La cara de Antonini cuando Paula se fue con tanta altura, fue un poema.
Estoy seguro que Antonini sintió por dentro una vergüenza insoportable.
Seguramente se sitió un trapo de piso humano.
La verdad que bastante merecido lo tiene.
Un vivo bárbaro Antonini…
Un piola… ufff…










