
Esta semana se conoció el pedido del fiscal de la causa Cromañón, de 23 años de prisión para el empresario Omar Chabán por el delito de “incendio seguido de muerte” y el pago de coimas por el siniestro ocurrido en diciembre de 2004.
Asimismo, el fiscal Jorge López Lecube solicitó 17 años de cárcel para el sub comisario Carlos Díaz, 15 años para los integrantes de Callejeros y varios años de penitenciaría para otros funcionarios de menor rango.
Tanto los integrantes de la banda, como los funcionarios responsables de las medidas de seguridad de los locales bailables nocturnos, como el polémico Chabán, intentaron durante el desarrollo de la causa, eludir y auto eximirse de responsabilidades por la muerte de 194 personas, en su gran mayoría jóvenes.
Poco les importó las vidas truncadas, las historias desgarradoras vividas, las familias destrozadas por la inacción oficial, por la ambición desmedida en el lucro empresarial, por la avaricia, por la inconsciencia de algunos pocos que tentaron a la muerte.
Ayer, repasando la causa, recordé una de las tantas historias de amor y muerte que se produjeron en esa disco.
Era una pareja de novios de veintipocos años.
Cuando se produjo el incendio y las luces se apagaron, en medio del tumulto, no pudieron seguir tomados de la mano y fueron arrastrados por la confusión.
Alcanzaron a llamarse a gritos por sus nombres y luego, alguien, pudo rescatar al muchacho.
Según contaron luego amigos de la pareja, él volvió a ingresar a Cromañón a buscar a su novia para sacarla de allí.
No pudo.
El humo lo cubría todo y él falleció en el lugar.
La chica, sí fue rescatada vaya a saber por quién.
La trasladaron de urgencia, casi sin respirar hasta un centro médico de la zona, hasta que, luego de la reanimación en un improvisado CTI hospitalario de emergencia, allí sentenciaron su fallecimiento.
En la vorágine de la emergencia repleta de heridos y quemados, comprobaron que ya no respiraba y no aplicaron el protocolo previsto para un deceso.
Luego de una interminable despedida de sus familiares, cargada de besos y palabras de amor, la llevaron al depósito de cadáveres del Hospital donde se apilaban otros chicos y chicas como ella, a los que la vida les había jugado una macabra zancadilla.
Sin embargo, cuando el responsable de trasladar los cuerpos hacia la morgue -vaya a saber por qué señal del destino- la vio tendida en la camilla metálica, en ese instante, ese enfermero se acercó, y comprobó que aún le quedaba un hilito de respiración al que ella se aferraba para no irse demasiado pronto de esta tierra.
La muerte -obviamente- no quería conocerla aún.
Ella -gracias a ese enfermero emblemático- vivió para contarlo, y desde ese día, espera, con la foto de su amor en un rincón, encontrarlo arriba.
martes 30 de junio de 2009
Morir de Amor
sábado 20 de junio de 2009
Espías, Drogas & Kirchnerismo

Tribuna de Periodistas es acaso uno de los sitios argentinos donde se investiga más exhaustivamente al poder.
Literalmente al poder.
No al gobierno a secas, ni a la oposición, ni a Menem, ni a Cavallo, ni a los lobbies, ni a los narcos, ni a los jueces corruptos.
Los investiga a todos.
El poder provenga de donde provenga.
Cualquier sospecha de irregularidad en algún proceder, por más ínfima que pueda parecer la turbiedad, cualquier mínima punta suelta de un cabo que pueda inducir a algo con olor a podrido, despierta la alarma de investigación de la redacción de Tribuna.
Su director es uno de esos tipos que comúnmente se tiende a etiquetar como “kamikaze”.
Nada de sutilezas. Nada de andar pidiendo permiso.
Acaso esa sea su mayor virtud y también su mayor punto débil.
El joven periodista Christian Sanz es valiente y generalmente riguroso a la hora de chequear las fuentes y conseguir el sustento imprescindible antes de denunciar algo.
Una vez que está convencido que los elementos probatorios son reales y serios, y no son “fruta podrida” -como se dice en la jerga de las redacciones- no para.
Aunque la investigación la haya realizado alguno de sus periodistas y no él, confía ciegamente, respalda a muerte a sus periodistas y los banca hasta el final.
Es una aplanadora y allí es donde –seguramente- comente algunos errores que -en algunas ocasiones- conspiran contra cierta dosis de credibilidad de su medio.
Porque en la vorágine del “sí o sí” se suelen cometer errores gruesos, imperdonables, como los que ya ha cometido Tribuna de Periodistas (aunque, vale la salvedad, siempre de buena fe) en temas que no fueron tomados con el rigor necesario. Empero, en el balance, son infinitamente muchos más los aciertos lo que les ha permitido mantener una nada despreciable cuota de credibilidad periodística imprescindible en esta profesión.
Fueron demoledores -por ejemplo- a la hora de investigar y denunciar decenas de hechos presuntamente delictivos del matrimonio Kirchner.
Denunciaron casos estremecedores de presuntos enriquecimientos ilícitos, manipulaciones de la Justicia, licitaciones truchas, la oscura relación entre el ministro Aníbal Fernández y las drogas, y -entre otras tantas denuncias- algunas recientes sobre el despilfarro del dinero del Estado.
Fueron los impulsores de una causa judicial por la presunta usurpación de título de la presidenta Cristina Fernández.
Sanz pidió a la Justicia que investigue si realmente es abogada –tal como lo afirma la presidenta- o no, como él lo sospecha.
No hay título, no hay compañeros de generación que se acuerden de ella y su graduación, no hay casi nada.
El decano de la Universidad en la que supuestamente se recibió de abogada Cristina Fernández, desde hace mucho tiempo que no atiende llamados telefónicos ni periodistas ni a nadie, y se ha transformado en un autista académico.
Obviamente, ni Christian Sanz ni su medio Tribuna de Periodistas son precisamente los más queridos del otro lado del Río.
El periodista casi siempre molesta, incomoda, jode, rompe las pelotas, bah.
Malditos periodistas de ayer, de hoy y de siempre.
El punto es que en la tierra de Yabrán y de José Luis Cabezas, no andan con chiquitas.
Cuando te metes con el poder real, de alguna manera u otra te van a recordar que el sartén tiene un solo mango y –generalmente- está apoyado en "su" mano.
Hace unos días Tribuna denunció y publicó los nombres de los testigos de identidad reservada que supuestamente implicaban a Francisco de Narváez (el principal contrincante electoral de Néstor Kirchner) en una causa que mencionaba alguna relación del candidato con el tráfico de efedrina.
La causa tiene un tufillo a operación de inteligencia que se huele desde la otra punta del planeta (si es que el planeta tiene puntas, obvio).
Además de los aprietes de siempre, recurrentes, estúpidos, infantiles -característicos de los malevos de celular sin registro- le hackearon su sitio web.
Como tantas otras veces.
Empero, el detalle novedoso esta vez fue que el virus troyano que le instalaron a distancia, venía con premio: también bloqueaba el sistema operativo de cada lector que simplemente escribiera la dirección en la barra del explorador.
Una sutileza de los servicios, digamos.
Todo un gesto de su parte, detenerse en dedicarle un poco de la medicina curativa originalmente elaborada para periodistas díscolos, precisamente a los propios lectores. Por el mero hecho de pecadores claro, que osaron cometer la herejía de prestarle atención a semejante cueva de difamadores y calumniadores profesionales.
Las miles de personas que tuvieron que formatear sus discos duros por este troyano de mirada esquiva, sin embargo, no creo que dejen de leer uno de los pocos medios (Perfil es otra de las honrosas excepciones) donde pueden enterarse solventemente, cómo es realmente la ideología y el accionar del kirchnerismo.
Contradictorio como pocos, claro, el modelo.
Ese modelo K. que puede hacer convivir bajo un mismo paraguas, su política sobre Derechos Humanos y memoria colectiva que fue elogiada internacionalmente y el elogio al sesentismo.
Que despotrica contra la infamia de la década de los ’90 (donde Néstor K. pronunció su inolvidable frase: “Menem es el mejor presidente de la historia de la Argentina”) mientras se rodea de los más oscuros personajes del sindicalismo y las patotas piqueteras otrora adictas y leales a Menem.
Y por si fuera poco en este cambalache de ideología & poder, logra concitar el respaldo de reconocidos intelectuales y periodistas de raza como Horacio Verbitsky en Carta Abierta.
La parapléjica visión de la democracia del matrimonio K. no soporta disidencias.
No sabe de tolerancias.
El estilo K. impuso la norma imperante de tener una visión tuerta de la representatividad democrática.
Néstor destroza a sus aliados si no le otorgan el “sí señor” incondicional y sumiso que desde su cargo de facto exige a los demás. No se admite el “no positivo” a sus órdenes.
Acaso por todo ello, las denuncias de Sanz no sorprenden.
Las consecuencias del desgaste de esta forma de entender la política, y su repercusión en las elecciones del próximo domingo son inciertas.
Imprevisibles.
Porque –se sabe- en “la” Argentina (como les gusta decir a ellos) dos por tres se puede encontrar juntos, socarronamente cómplices, tomando un café en algún encantador boliche de San Telmo, a la mano de Dios con la cola del Diablo.
martes 16 de junio de 2009
On / Off

On.
Prendo mi notebook y mientras carga el maldito Vista, me decido a navegar por las noticias.
El café está frío así que me embarco en esta aventura, solo, sin compañía, a secas.
Danilo Astori me sorprende con su buena salud y su espíritu conciliador, típico de los que recién salen de un CTI.
Muy reflexivo lo noté, muy cauto, muy sobrio, muy medido.
Lo primero que dijo es que Mujica no tiene idea de lo que ocurrió en el gobierno de Tabaré Vázquez.
Que es contradictorio, inconsistente y que no es confiable.
Masomenos dijo que es lo más parecido al cuco, de todo lo que conoció en su vida.
Dijo algo así como que era un error de la izquierda.
Una falla del progresismo light.
El camino que nos conduce al fracaso.
Un delirio de la izquierda latinoamericana.
Lo menos que le dijo es que nos lleva al infierno...
Se ve que la estadía en el CTI lo tranquilizó mucho y lo dejó muy equilibrado en sus conceptos, especialmente cuando se refiere a su –otrora- compañero del alma, que, casualmente hoy, le está espetando una derrota electoral aplastante, y que es en cierta medida consecuencia de la consideración y cariño de los frenteamplistas hacia el veterano dirigente.
Demasiado para mí, opto por hacer zapping con un doble click.
Aparece el guapo Larrañaga.
Me detengo a escuchar sus ideas y propuestas sobre qué piensa hacer si accede al gobierno del país y alcanzo a escuchar, con su gangosa voz, una declaración sobre Mujica (si, otra vez sopa, ya se, pero no es mi culpa) y allí casi sin anestesia, sin darme tiempo a hacer el doble click para cambiar, siento que lo compara con Cantinflas.
Cla, clap, clap...
Aplausos por favor para esta maravillosa demostración de madurez de nuestros dirigentes ávidos por gobernar al país mientras vivimos la más profunda crisis financiera global de la historia.
Click, click, miles de click, urgente por favor, que no los soporto más...
Ahora sí, me refugio -como casi siempre- en la mucho más variada y contradictoria realidad argentina.
Leo lo que cada tanto aparece y casi nunca alcanzamos a comprender.
Una chica adolescente llegó a su casa en San Justo, donde la esperaba su novio.
A unos pocos metros de su casa, hay desde siempre, un basural de esos endémicos.
Cuando pasó frente a él, escuchó llantos.
Se detuvo y buscó entre la basura.
Estaba oscuro.
Sin embargo, alcanzó a comprender que el llanto venía del interior de una bolsa negra.
La levantó y allí dentro, descubrió que estaba abandonada una beba de cinco o siete días de vida.
Obviamente, a pesar de la crisis de nervios que le vino en ese momento pudo llegar hasta su casa.
Llamaron al 911 y comenzaron a abrigarla para intentar revertir la hipotermia que notoriamente tenía la beba.
El novio de la adolescente, optó por salir a buscar una farmacia, para comprar algún calmante para su novia y algunos elementos básicos para la criatura.
Cuando pasó frente al basural creyó sentir el llanto de un bebe.
Pensó que era producto de lo que les acababa de suceder y de los nervios que tenían y por ello siguió caminando.
Luego se detuvo.
Y volvió atrás.
Por las dudas.
Hurgó en el basural.
Y encontró la segunda bolsa que contenía al hermanito mellizo de la beba encontrada por su novia.
Lo demás, lo que siguió, fue lo de siempre.
Muchas sirenas, gritos, ambulancias, policías, rezos, enfermeras y llantos.
Los hermanitos ahora luchan por su vida en un hospital de San Justo, mientras la madre se esconde, y, de alguna manera, intenta escapar de la Policía y la Justicia.
Pero también intenta escapar y se esconde de la dignidad humana.
Se esconde de su propia condición humana.
Mientras en Uruguay seguimos debatiendo sobre Cantinflas y el Cuco.
Demasiado para mí, al menos por hoy.
Basta de zapping.
“Apagar sistema”.
Off.
Uff...
lunes 15 de junio de 2009
Unos sí y otros no

Por enésima vez, se volvieron a amotinar los niños y jóvenes que están detenidos en la Colonia Berro.
Cuando escuché durante casi una hora, la semana pasada las condiciones en las que están depositados los pibes en esos galpones, me costó creer que la ministra Marina Arismendi explicara que había algo de intencionalidad de parte de los funcionarios con estos motines. Lo sugirió, dijo que era demasiada coincidencia por los momentos de reclamos.
Si dormir en un colchón en el piso, en habitaciones inundadas, con vidrios rotos en pleno invierno, conviviendo con ratas que cuando te descuidas te muerden (hay varios casos comprobados) y sin el más mínimo incentivo para una rehabilitación medianamente digna en el horizonte, si a todo eso se le puede llamar “intencionalidad” tal vez habría que preguntarle a la ministra de quién está hablando, porque en principio parecía que los responsables de esa realidad son los propios jerarcas (¿in?) competentes los que permiten que esos menores infractores estén viviendo así.
Parece inevitable señalar que este gobierno fracasó estrepitosamente a la hora de encauzar una realidad siempre postergada, siempre pendiente de una solución razonable, medianamente digna.
Cuesta creer que no haya gente en la administración que tome decisiones lógicas, que ejecute soluciones, que encuentre respuestas inmediatas.
¿Cómo pudo la actual administración omitir reparar unos simples vidrios?
¿Cómo no dispusieron inmediatamente los recursos para mejorar ese basural de cemento que es la Colonia Berro?
¿Cómo creen que van a salir a la calle esos pibes después de esa experiencia?
¿No es en cierta forma someter a niños infractores a una suerte de Talión revanchista el encerrarlos en esas condiciones por los delitos que hayan cometido?
¿No hay gente capacitada para tomar decisiones inmediatas?
¿Cómo es posible que no puedan controlar a unos 20 o 30 menores?
Más recursos, más personal, la ejecución inmediata de los convenios ya refrendados con diversas ONGs para que los detenidos reciban cursos, capacitación, formación técnica y realicen actividades educativas y culturales ¿es tan extraordinariamente difícil de conseguir y ejecutar?
Una de las banderas de la izquierda fue la capacidad de gestionar el Estado con criterios más modernos, más ágiles, menos burocráticos.
Menos mal…
En este caso -como en tantos otros- no se nota.
El gobierno tuvo mucha celeridad para otorgar decenas de millones de dólares a Pluna (se pasaban el Hotel Argentino entre Campiani y el MTOP como si fuera una bolsa de caramelos, ah, pero en unos pocos meses, en ese pasamanos, perdimos como 2 o 3 millones de dólares).
Hubo dólares del Estado para muchas otras empresas o instituciones de dudosa prioridad si la comparamos con el Inau, como el Teatro el Galpón (otro par de millones), Tenfield y todo el lamentable, desacreditado y poco serio fútbol uruguayo o para una gira nacional de Jaime Roos, por ejemplo.
Hubo dinero sin reparos para construir cárceles especiales para los militares presos.
Hubo dinero oficial fácil y de rápido acceso para los amigos del poder de la revista Caras y Caretas y del periódico La República, en montos de pautas publicitarias que son escandalosos si se los compara con los otorgados a otros medios de infinito mayor tiraje y credibilidad periodística, que fueron discriminados ordinariamente por no ser alcahuetes de algún director de algún ente autónomo o de algún ministro.
¿Que esto no es nuevo y que siempre pasó?
Obvio.
¿Eso los justifica, los absuelve, los exculpa?
Creo que no.
Creo que por el contrario, en algunas áreas de sensibilidad social, faltó eso mismo, sensibilidad social.
Así de simple.
Faltó cambiar la actitud.
Con honrosas excepciones claro está.
Hubo y hay representantes de la actual administración que cambiaron la forma de ejercer la función pública y se pusieron el overol para ejecutar soluciones.
Incluso en temas que pueden parecer ciertamente de menor trascendencia, pero que no lo son, porque lo que la ciudadanía recibe son señales de cambio.
Por ejemplo, este sábado se produjo un hecho casi imprevisible para las autoridades del BHU con el anuncio de la venta de casas y apartamentos de su cartera.
Hace un año atrás no habían concurrido casi interesados.
Lo reiteraron ahora y fue mucha gente a hacer la cola en la puerta del Banco, toda la noche, para poder aspirar a alguna de las unidades.
Mucha gente iba a quedar allí los tres días de larga, tediosa e insalubre espera.
Inmediatamente, el presidente del BHU, Jorge Polgar, activó los mecanismos internos para que los escribanos del Banco, implementaran una suerte de registro de los que concurrían para evitarles esa estadía a la intemperie en pleno invierno.
Pero Polgar no envió a los escribanos con algún gerente o algún funcionario responsable, fue él, personalmente con ellos.
El presidente del Banco fue a hacer lo que comúnmente se llama a “dar la cara”, y a brindar explicaciones del imprevisto a sus clientes.
Solucionó en 10 minutos lo que -por omisión- generalmente el Estado no hace.
¿Eso lo convierte en un héroe?
Para nada, lo convierte sí, en un ejemplo de gestión moderna y eficiente.
Lo muestra como un ejemplo de actitud práctica, sensible y profesional.
¿Te parece poco?
A mí no.
Al contrario, comparando con otras áreas de acción de la actual administración, en realidad me parece muchísimo.
Me parece algo digno de elogio y reconocimiento.
Porque como suele decir Páez, la vida siempre, es una cuestión de actitud.
Los responsables del Inau podrían tomar nota de esta forma de entender la gestión pública como la que ejecuta Jorge Polgar.
Porque tendrán las mejores intenciones del mundo, -personalmente tengo una altísima consideración por Nora Castro, me parece una mujer elogiable e intelectualmente honesta- pero los resultados tardan demasiado en llegar.
viernes 12 de junio de 2009
El desliz

Algo falló.
Muchos dirán que la responsabilidad es de los padres.
Y sí, un poco obvio.
Pero, y si la respuesta es: “no”?
O: “tal vez”, o: “compartida”?
Lo cierto es que cuando llegan las autoridades con toda la ampulosidad típica de las comitivas oficiales (la misma, igualita en gobiernos de izquierda o de los partidos tradicionales) a entregar las computadoras del fantástico Plan Ceibal (revolucionario, democratizador, dignificador) el barrio tiembla de emoción.
Los niños por fin, reciben una ínfima parte de lo que debería otorgarle la sociedad a quienes se cayeron del sistema.
Porque no hay lugar en el mundo para esos mocositos de 5 o 6 años.
Viven en basurales, a veces descalzos, casi no comen y difícilmente sueñen un mundo mejor.
El día que llegan las cámaras de televisión, los trajes y las corbatas de los señores grandes, ellos saben que algo especial va a ocurrir.
Cambia el paisaje del barrio, cambia el olor del barrio.
Llegó el día que les van a entregar “su” computadora.
La mejor computadora del mundo.
Y comienzan las risas nerviosas de niños y niñas; las lágrimas de las madres y abuelas; las miradas de orgullo de maestras y auxiliares.
Pero, como suele suceder en la vida, la realidad se encarga de recordarnos que todo tiene su contracara.
En la última entrega de las computadoras, hubo varios niños que vieron como sus compañeros de clase y tal vez, de banco, se llevaban radiantes de felicidad sus trofeos, pero ellos se quedaban con las manos vacías.
No importa cuál fue la escuela porque –sinceramente- fue una coincidencia que yo ese día pasara por ahí.
Pudo haber sido cualquiera, porque luego de un par de llamados, me enteré que no es la primera vez que sucede.
Los niños no tenían cédula y por ello se quedaron con las manos vacías.
Se te partía el alma al verlos irse con toda la sensación que existía algo especial en sus vidas de lo que jamás se podrían separar: la terrible y cruel realidad del abandono y el desprecio.
Quiso el destino (otra vez empecinado, otra vez cruel) que un par de esos niños que se volvieron a su rancho con las manos y el corazón vacíos, se subieron a un carro tirado por un caballo viejo, muy viejo, pero muy viejo y cansado mismo, justo delante de donde yo estaba parado.
Supongo que el padre o padrastro o vaya a saber quién era, ese que los había ido a buscar con el carro por la escuela, era uno de los responsables de lo que les estaba pasando por no haberles sacado la cédula.
Supongo.
Seguramente no el único.
Acaso, a las autoridades implicadas les faltó un poco de sentido común y un poco de cintura, como para encontrar una solución intermedia o parcial.
Lo que está claro, es que los únicos que no son responsables del problema -sino todo lo contrario- como siempre, se trata de los más indefensos, los niños.
Ellos no tenían la culpa de nada y recibieron una bofetada terrible, demasiado cruda, demasiado dolorosa.
Claro que –seguramente- alguien podrá pensar que ya están acostumbrados a ese tipo de golpes e incluso a otros mucho peores. Como que están curtidos.
No sé, lo que sí se es que algo falló.
Como siempre se podrá minimizar, se podrá decir que fue un desliz del sistema y del Plan Ceibal.
Te aseguro que si hubieras estado ahí, coincidirías conmigo que fue terrible.
Se te partía el alma a verlos irse con su derrota en la mochila.
Pesaba toneladas esa mochila.
Y no era –precisamente- por los cuadernos y los lápices.
martes 9 de junio de 2009
Catarsis

Algo habrán hecho.
Antes, durante y después.
Las dudas nos carcomen y nos pervierten el silencio.
Vanas señales, obsesivas, recurrentes.
Algo que no conocemos y que puede con nosotros.
Pueden más que uno.
Y por algo emergen sin que podamos controlarlas.
Historias del corazón.
Historias del alma.
Catarsis que puede más que las vapuleadas y cascoteadas neuronas.
Cuando pinta catarsis no hay con qué frenarla, ni pararla ni lo que se te ocurra.
¿Cómo explicar sino a Daisy Tourné?
¿Cómo explicar acaso, que una ministra de estado dilapide su crédito político insultando a quien se le cruce por delante (incluído un ex presidente diciéndole que no entraba a un local del partido “ni cagando”) y luego la remate con el ordinario y tristemente histórico mensaje a los militantes socialistas con la referencia a las “conchudas”.
¿Cómo explicar sino, que la ex ministra haya necesitado exponerse casi al límite del ridículo (o sin el casi) al exhibirse en su Facebook duchándose?
Señora grande che…
Pero la catarsis –como el amor- es más fuerte…
¿Cómo explicar que otra ministra haya decidido mandar al joraca el protocolo en una gira oficial junto al presidente de la república y se haya subido a una mesa a bailar y a mover el trasero?
Señora grande che…usted también ministra, por favor…
Ojo, convengamos que nadie está exento de caer en esos exabruptos del alma, pero que nuestras ministras sean las protagonistas de eso no es –al menos- común.
Personalmente, estoy atravesando mares catársicos.
Desde acá, desde mi Facebook, por mail o directamente por teléfono, me estoy encargando de transmitirle lo mucho que quiero a mucha gente que fue, es o será importante en mi vida.
Seguramente muchos de ustedes se habrán dado cuenta…
Muchos –supongo- habrán dicho algo tipo: “que rompepelotas este tipo que anda diciéndole a tanta gente en voz alta lo que piensa y cuánto la quiere”…
Bueno, mis disculpas del caso…
Sabelo.
Pero –siempre hay un pero- voy a insistir como para no dejar solas a nuestras ministras en eso de sacar afuera todo como la primavera, aunque, en mi caso, no voy a rememorar las benditas vaginas del honorable Parlamento tal como lo hizo Daisy, sino a mis afectos.
Quiso el destino que recordara por estos días mis correteadas en la escuela Brasil.
Te vi María, te vi allí con tu túnica impecable.
La más bonita de la escuela.
Y vi al Nando Italiano (grande entre los grandes), y vi a Jorgito Maestrone (nene, avisale a ese oncólogo imbécil que se deje de bobadas y que lo vamos a ir a patotear), y después a mi querido amigo Juan (floridense de pura cepa) con quien disfruté uno de los mejores fines de año de mi vida, en la mágica Punta Colorada; y vi un poco después al cuqui Sebastián Campos, en aquellos inolvidables viernes de cierre a la una o dos de la madrugada, invariablemente a contra reloj, donde cada página cerrada era una victoria; y después vi la hermosa sonrisa de Arianna Zuppardi en el altar cantando con su vestido de novia junto a las otras contraltos cuando se iba a casar con Gerardo, mientras yo dirigía -creo- Dadme Albricias. Arianna, estoy re enojado contigo porque te fuiste de acá abajo, antes que nosotros. Eso no se hace nena...
Y un poco más acá en el tiempo te vi a vos querida Denise Larrieux, cuando compartimos afectos de tu Facu -también inolvidables- en aquellos días de suplementos del pasado. Y me encanta poder decírtelo ahora, y contarte que tenes la misma mirada encantadora de antes, que transmite mucha paz y que tu sonrisa es la misma de siempre. Y que tu hija es adorable.
Hurgando en mi vida, también vi al descomunal Horacio Maglione y al gordo Carlos Trápani (beodo mayor de la vida, recibido y titulado con honores), y a mis hermanos, Sandor y Gonzalo, en la casa del viejo en Achiras y Pagola, esquina a la que ahora volvemos con cierto misticismo, a comer a la parrillada que abrieron en frente, a recordar nuestra historia: y a Laura Meléndez tecleando sin parar en las tardes de ls oficina de la calle Colonia casi Váquez, y a Germán Bense (tocando bossa como nadie en el mundo) y a Virginia Cepellini en el Suárez como siempre conspirando con Isabel Recuero.
Y casi sin querer vi a Gabrielita Di Génova, a Massi y Karina, a quienes adoro en el alma y con quienes estoy seguro que más temprano que tarde voy a reencontrarme allá o acá para darles los besos que se merecen.
Y vi a mi querida prima Carina y a mi ahijada Sole.
Y vi al querido hijo de mi amigo Yanni, Brunito Bettanin, el mejor baterista del mundo, primero porque es un crá, así a secas, un crá y después porque es mi amigo. Y vi como siempre a mis adorados hijos Mauri y Maxi.
Hermosos, mágicos.
Y más acá vi a algunos de amigos y amigas, que conozco casi de casualidad…
Como Ana Roslik (hace frío allá querida?), Marys Yic (no aflojes amiga, la vida te hizo a prueba de estos sinsabores), Alejandrita Rosencoff (divina como siempre) y Gerardo Cánepa (mi lector “namberguan”).
Y vi los ojos más bonitos del mundo, que son los de mi ex vecina de Lagomar, que se llama Victoria.
Catársicos días que me encuentran por acá…
Como para no dejar sola a la ex ministra Daisy, viste…
Los quiero mucho.
Sabelo.
Sepanlón, con tilde y con ene.
(Aunque convengamos que al lado de Daisy soy un angelito en esto de la catarsis…)
martes 2 de junio de 2009
Dr. Lecter al ataque nuevamente...

Qué se puede agregar para no caer en la obviedad del elogio de este monstruo creativo; fenómeno y admirable, Dr. Lecter. Todo los reconocimientos sobre su trabajo creativo, sobre su audacia, sobre su fantástica inteligencia, quedan cortos, escasos, absueltos de toda impunidad, por su impronta de talento y arte.
Aquí les vuelvo a presentar -por enésima vez- a mi amigo, el fantástico, Dr. Lecter.



