Estimado amigo/cómplice lector: le aviso desde ya que esta nota es absolutamente en segunda persona.
Catarsis mediante, cada tanto necesito decir algo -por si acaso me voy o me olvido de decirle a quienes quiero y fueron/son importantes en mi vida- lo que pienso de ellos.
Redundo en mis afectos por algo.
Tal vez la explicación sea tan sencilla como eso: porque son mis afectos.
Hoy cumple años un amigo.
Integrante de una camada de compañeros de la gloriosa Escuela Brasil tan brillante como irrepetible.
De aquella generación de capacitados ilusionistas de la vida, salieron fantásticos tipos y tipas, que la vida y las casuales casualidades nos llevaron a crecer juntos.
A compartir sueños, historias de vida (y lamentablemente también muerte) de esperanzas, ilusiones y un montón de picas por todos los compas y que el último libra a todos.
De ellos, el más crá (intelectualmente hablando, porque en las dotes humanas no se puede hacer distingos, todos/as divinos tipos/as) era Jorge Polgar.
El negro para algunos.
El Polgar para nosotros.
El húngaro para mí.
Jorge ya se perfilaba como el distinto del cuadro.
El que la dejaba chiquita en la cancha de las pizarras.
Acaso por ello, se dedicó a las pizarras de la city y llegó a ser uno de los hombres de confianza del actual vicepresidente Danilo Astori.
Cuando he tenido que entrevistar a los jerarcas de la conducción económica del equipo Astori del anterior y del actual gobierno, todos –inequívocamente- me han hablado maravillas de Jorge.
Y eso no es por compromiso ni por buenos modales ni porque es políticamente correcto hablar de los demás. (Es más, está lleno de gente que cuando apagas el grabador te dice cosas terribles de sus compañeros de ruta, de gestión o de bancada).
Pero es casi imposible hablar mal de Jorge porque es un gran tipo y porque no se la cree.
Y eso en las alturas del poder no es común.
El no va a ADM, no va a los eventos, no va a donde van las cámaras y los flashes.
El va a las reuniones de los compañeritos/as de la Escuela Brasil.
El –cuando era presidente del Banco Hipotecario del Uruguay, por ejemplo- fue un sábado de invierno a solucionar un problema a un montón de ahorristas de la institución que hacían cola esperando el lunes para conseguir un número para su futura casa.
El no va a ADM, no va a los eventos, no va a donde van las cámaras y los flashes.
El va a las reuniones de los compañeritos/as de la Escuela Brasil.
El –cuando era presidente del Banco Hipotecario del Uruguay, por ejemplo- fue un sábado de invierno a solucionar un problema a un montón de ahorristas de la institución que hacían cola esperando el lunes para conseguir un número para su futura casa.
El ahí sí fue y –escribano mediante- les solucionó la intemperie de su ilusión de vida para que se pudieran ir a descansar.
Dio la cara.
Ah, y antes que me olvide, le cuento estimado amigo lector que además dejó el banco modernizado, en orden, operando normalmente y gozando de salud financiera, luego de recibir a ese dinosaurio y mastodonte de la burocracia y el acomodo publicitario/funcional/tradicional.
El Polgar calladito lo hizo y no hizo alarde público de eso.
Aunque en política está totalmente permitido hacerlo, porque es de recibo y porque es parte del juego, mostrar las cosas que uno hace bien en un cargo público.
De eso se trata y sería bueno que todos lo hicieran, el punto es que la mayoría no tiene mucho para mostrar.
De rendiciones de cuentas mejor no hablar, en las tradicionales y progresistas administraciones públicas.
Qué necesidad che.
Y como hoy cumple años el ilustre Jorge Polgar, el negro, el húngaro, “el Polgar” me tomé la atribución literaria (literalmente siempre tomo algo, qué barbaridá) y me decidí a dejarlo por escrito acá, en mi recoveco del alma que es este Blog.
Alguien podrá sinceramente pensar: “pero qué alcahuete, este debe estar buscando un puestito”. No estimado amigo (felizmente desconfiado y ponzoñoso lector) afortunadamente no vivo (nunca digas nuca pero espero/confío en nunca tener que hacerlo) de la teta del Estado.
Otro tal vez dirá: “ja, este lo dice porque le gusta escribir y tiene un Blog”.
Y sí, ¿ta’ mal?
Qué se yo.
Para mí está bien.
Qué se yo.
Ah, me olvidaba, felíz cumple húngaro.
Dio la cara.
Ah, y antes que me olvide, le cuento estimado amigo lector que además dejó el banco modernizado, en orden, operando normalmente y gozando de salud financiera, luego de recibir a ese dinosaurio y mastodonte de la burocracia y el acomodo publicitario/funcional/tradicional.
El Polgar calladito lo hizo y no hizo alarde público de eso.
Aunque en política está totalmente permitido hacerlo, porque es de recibo y porque es parte del juego, mostrar las cosas que uno hace bien en un cargo público.
De eso se trata y sería bueno que todos lo hicieran, el punto es que la mayoría no tiene mucho para mostrar.
De rendiciones de cuentas mejor no hablar, en las tradicionales y progresistas administraciones públicas.
Qué necesidad che.
Y como hoy cumple años el ilustre Jorge Polgar, el negro, el húngaro, “el Polgar” me tomé la atribución literaria (literalmente siempre tomo algo, qué barbaridá) y me decidí a dejarlo por escrito acá, en mi recoveco del alma que es este Blog.
Alguien podrá sinceramente pensar: “pero qué alcahuete, este debe estar buscando un puestito”. No estimado amigo (felizmente desconfiado y ponzoñoso lector) afortunadamente no vivo (nunca digas nuca pero espero/confío en nunca tener que hacerlo) de la teta del Estado.
Otro tal vez dirá: “ja, este lo dice porque le gusta escribir y tiene un Blog”.
Y sí, ¿ta’ mal?
Qué se yo.
Para mí está bien.
Qué se yo.
Ah, me olvidaba, felíz cumple húngaro.




