viernes 29 de enero de 2010

Fósiles & Entenados

Hoy –supuestamente- se decide el nuevo intendente de la capital del Uruguay.
Hoy –supuestamente- un puñado de iluminados van a decidir quien va a gobernar la mitad del país.
Hoy –supuestamente- van a decirnos que nosotros debemos considerar –asumir- que la mejor opción para la capital uruguaya es votar a fulano o mengana.
No.
No puedo creer que nos subestimen tanto.
La gente, la mayoría (se palpa, se escucha, se lee, se huele) prefiere, optó, eligió a Daniel Martínez.
Y listo.
Y punto y aparte.
La gente se pronunció.
Los que son frenteamplistas y los que no los somos, pero votamos el partido que nos merece -en comparación- una mayor credibilidad, estamos en general, convencidos que lo mejor para una gestión de la capital, es que el próximo intendente de Montevideo sea Daniel Martínez.
Empero, el fosilizado partido Frente Amplio insiste en caducar la esperanza y persiste en condenar su estructura necrofílica partidaria.
(Bien le fue al FA cuando optó por los considerandos partidarios, y no necesitamos que nos recuerden que gracias a los progresistas de a pie, sin estructuras partidarias decidimos salir vía Internet, vía boca a boca o vía amigo a amigo, para batallar por la defensa de un gobierno infinitamente mejor y más solidario que los que conocimos).
Ahora, el FA decidirá, es decir, unos 300 o 1000 o 5000 (no importa la cantidad) de iluminados decidirán (soberbia e ignorancia política mediante) supuestamente quién va a ser el próximo intendente.
¿Será Ana Olivera?
Ella es la candidata del diario El País…
(Sorry ¿porqué la impulsarán? ¿Se habrán dado cuenta que no tiene más imagen ni sustento que naides?)
¿Será el ignoto Varela?
¿Le conoces la voz?
¿Le conoces la cara?
¿Si te lo cruzas por la calle, lo reconoces?
Ok.
Y si te dicen que el mejor intendente es el impresentable Fernández Huidobro,,, ¿Obvio que lo votas?
¿Será que están taaaaan convencidos que aunque “ellos” (léase los iluminados) digiten a xxx igual los pelotudos de siempre (léase nosotros, los votantes) aceptaremos disciplinadamente su negociación/interna/partidaria/repartijadecargos?
Tal vez me equivoque, pero creo –sinceramente- que le están errando fiero.
Creo –personalmente- que la gente ya no responde como rebaño.
Y también creo que deberían tener los oídos un poquito más abiertos para escuchar y leer, y oler, y sentir y entender, lo que varios piensan.
Y eso que se llama percepción es algo que no debería faltarle a los “de arriba”.
Si a ellos, los iluminados.
Y es que demasiados más que otros, creemos que el Ing. Daniel Martínez (con quien personalmente tengo muchísimas discrepancias y más de un reproche) es el mejor candidato para ocupar el cargo de jefe de gobierno de la capital del país.
Ellos –los iluminados de siempre, por ahora- decidirán quién consideran que el rebaño obediente va a seguir.
Suerte en pila.
Obvio.

miércoles 20 de enero de 2010

Los cadáveres de siempre

Aunque cueste creerlo, el “viejo de la bolsa” existió.
El viejo de la bolsa con el que a miles o millones de niños, nos asustaron alguna vez –gracias a la ilustre capacidad pedagógica de muchos de nuestros padres del siglo pasado- se suponía que iba a venir a buscarnos si no tomábamos la sopa.
Quién más quién menos, se pegó un lindo sustito y optó por una indecorosa derrota moral como forma de evitar a ese viejo malvado.
A los niños haitíes sin embargo, si sus padres les decían que venía el “viejo de la bolsa” se les ponía la piel de gallina y el frío hielo del terror les paralizaba el alma.
El célebre “viejo de la bolsa” existió y proviene de Haití.
Se llamaba Tonton Macoute.
Cínicamente por estos lares –y muchos otros- utilizamos esa metáfora para hablar de un impostor que se ocupaba de berrinches infantiles, cuando la realidad del verdadero –el auténtico, el original- viejo de la bolsa haitiano es un cachito más cruel.
Los milicianos paramilitares (Voluntarios para la Seguridad Nacional) que rodeaban a los dictadores François Duvalier (Papá Doc) y luego a su hijo Jean-Claude Duvalier (Baby Doc) amigos y protegidos de los EEUU primero y Francia después, fueron los encargados de sembrar pánico, muerte y desolación, durante las décadas que arrasaron Haití y la transformaron en la nación más pobre de América Latina y una de las más pobres del planeta.
Según la Cruz Roja y la Onu, los Duvalier y sus macoutes, asesinaron a unas 150.000 personas. Pero los Tonton Macoute eran bastante selectivos: niños y mujeres.
Y no de cualquier manera.
La escritora haitiana Edwige D’Anticat describió de manera escalofriante el accionar de los macoutes.
Llegaban en cientos o miles a las aldeas con machetes y a punta de pistola obligaban a los padres a tener sexo con sus hijas o a los hijos varones con sus madres.
De lo contrario, los asesinaban en el momento.
Cuenta también que con los años, como una suerte de antídoto a esto, muchos padres y madres optaron por convivir con sus sobrinos/as o parientes para que el sufrimiento inhumano fuera una pizca menos aberrante que la anterior.
También cuenta D’Anticat que era común por aquellos años ver deambular por las calles de Port-au-Prince, como zombies a madres o padres con la mirada perdida en la nada, con las cabezas de sus hijos en sus manos para darles sepultura.
Hoy volvieron a asesinar a otros 150.000 haitianos.
Y ahora se puede ver por TV o Internet también a decenas de miles de padres o madres o niños solos deambulando con la misma mirada perdida, buscando a los suyos y sin entender qué pasó.
Esta vez no fueron los macoutes financiados por los gobiernos norteamericanos como ayer.
Esta vez fue la madre naturaleza.
Ahora, tal vez con cierta culpa histórica sobre sus espaldas, y con un presidente negro en la Casa Blanca, en lugar de financiar a los asesinos de ayer, envían un blister de humanidad mediante alimentos y medicamentos.
Convengamos que algo es algo.
Aunque los muertos son los mismos de siempre.