lunes 29 de marzo de 2010

La conjura de los necios


Se llama Alberto Mariano Perrone Lutri.
Su documento de identidad es DNI 31.668.713, nacido el 27 de junio de 1985.
Hasta acá nada relevante que amerite unas líneas.
El punto es que –lo anecdotario, lo irrisorio de la mención- sucede en un contexto de puntillosa campaña oficial argentina del discurso pseudo “progresista” en defensa de la identidad de los hijos de la propietaria de Clarín (golpista ella obvio, tanto como los productores rurales, los periodistas, los industriales, Cobos, Macri, Tinelli, y los etcéteras que osan discrepar con el “si mi amo” oficialista hacia el matrimonio K.) y con el agregado de una Ley de Identidad oportunista como todo lo que maquillan desde Olivos.
Mañana, pasado, o dentro de unos días, aparecerá en las tapas de todos los diarios del planeta que el presidente de facto de Argentina, Dr. Néstor Kirchner, podría tener un hijo al que -no solamente no reconoció- sino que siquiera puede llevar su apellido.
Dicen que el tiempo suele colocar las cosas en su sitio.
Algo, de toda la inmundicia de la política kirchnerista oficial del presente, con el paso de los años se ubicará en el lugar que debe estar: Comodoro Py al 2002.
Lugar donde los delincuentes transpiran, se aflojan el nudo de la corbata y se desprenden el último botón de la camisa, mientras escuchan aterrados las consideraciones previas de sus autos de procesamiento con prisión.
Seguramente Néstor, hoy no repara en nimiedades.
No va a salir a desmentir a las tapas de los diarios del planeta mañana, pasado o la semana que viene.
Se llama Alberto Mariano Perrone Lutri.
Su documento de identidad es DNI 31.668.713, nacido el 27 de junio de 1985.
Un "presunto" hijo no reconocido que -para quienes están en la vorágine del poder- son apenas nimiedades.
Obvio.
Como los hijos no reconocidos de la mano de “Dios”, que la inmensa mayoría de la sociedad argentina tolera, calla, omite, y peor, exculpa con el Diegooooooo…. Diegooooooo….” de la tribuna.
Porque como todos sabemos, no deben haber sido concebidos por nadie mortal sino por la mano de "Dios" o la mano del poder de Olivos.
Vaya uno a saber…
La señora de la balanza, ciega, sorda y casi muda, de los tribunales suele dar un par de veredictos.
Generalmente con el pasar de los años y nunca durante.
Y la otra señora, esa que da veredictos con el paso de las culpas, suele ser un poquito más célere, y esa señora se llama la almohada.
Perdón, me olvidaba del espejo.
El otro señor que da sus veredictos cuando los mortales caemos en los errores, omisiones, crueldades o más concretamente, delitos.
Obvio.