Dedicado a Silvana di Génova (

Ellas siempre están ahí.
Corren, ríen, colaboran, ayudan, tranquilizan, vuelven a correr, rezongan, rezongan, preparan los sobrecitos con las rocklets de colores para que algunos duerman, otros dejen de temblar y a otros les baje la presión.
Ellas se quejan si fuera de horario les pedís agua para el mate; te rezongan pero igual te dan el agua.
Son unas divinas totales. por donde las mires y la verdad que el trabajo de una enfermera es –al menos- jodido.
Ellas son las enfermeras que se preocupan por vos y que te cuidan como si fueras un familiar tuyo o más.
Me encanta verlas reír.
Me encanta verlas cuando nos rezongan.
Cantan bajito, ríen bajito, adoran su trabajo.
Hay momentos de intenso nerviosismo y tienen que correr.
Luego… la paz. La calma.
Ellas son unas divinas.
Las voy a extrañar, del mismo modo que te pasaría a vos.
Mismo.
Porque como dice Fito, hay cosas que no voy a olvidar y personas que me quiero llevar.
Y a pesar que ellas están “cansadas en el alma de tanto andar” y cuidar y curar, siguen estoicas laburando por nosotros y los que vendrán.
Son unas divinas.
Y al partir, me pareció de rigor dejarles como diría Nino Bravo, un beso y una flor.
Gracias, gracias, gracias.



