lunes 31 de enero de 2011

Sarcófagos de la desmemoria nuestra

Suelo decir que “gracias hacen los monos” pero en este caso las hacen los gorilas y además –endispués- acaso por ello, tengo la imperiosa -imperiosísima- necesidad de decirles “gracias” a dos uruguayos: primero a mi colega, ex compañera de redacción María José Frías. Llegó un día calladita, bien tímida, pero ya se notaba su algo distinto para nuestra profesión.

Bien, ella le acaba de realizar un fantástico reportaje al otro uruguayo al que le tengo que agradecer algo por estas horas, y que me sirvieron como excusa para retomar este espacio de catarsis con usted, querido estimado amigo/a lector/a.
Ese otro uruguayo se llama Gilberto Vázquez.
No es un gil, aunque el chiste es casi escolar.
Fue un asesino, torturador y un imbécil que cuando se fugó de la Justicia se travistió con una peluca rubia arriba de sus patéticos bigotes marrones.
Pero es alguien a quien yo necesito agradecerle algo muy especial.
En estos días en que los viejos decrépitos salen de sus sarcófagos intelectuales y amenazan con golpes de estado y otras nimiedades de la anacronía histórica (lo que humildemente creo que no amerita abollar ni un sartén de Ta-Ta, no ya una cacerola de aquellas que nos hicieron tan dignos como valientes e ilustrados orientales y que los hicieron temblad a ellos, si a ellos y a los otros que están en la cárcel por los pecados cometidos) ahora salió gracias a mi colega y ex compañerita María José, a recuperarnos la memoria Ram, empolvada de desolvidos y plebiscitos recientemente lamentables, en los que democráticamente y tristemente resolvimos los de acá, o sea nosotros, hagámos cargo como colectivo y no como indivualidades, “dar vuelta la página” del terror y del homicidio culpable y premeditado.

- "Creo que no merezco estar preso. Di lo mejor de mí mismo, hice lo mejor que pude, asumí responsabilidades", dijo Gilberto.

-Ya está preso y no pierde nada si dice la verdad. ¿Dónde están los desaparecidos?

-No están. Vino la Operación Zanahoria. A fines de 1984 se desenterraron los que había, se quemaron y se tiraron las cenizas a un arroyo, creo que en Manga. No hay nada.


-¿Usted se arrepiente de lo que pasó?

-No, al contrario...


-Y de haber torturado y desaparecido gente, ¿tampoco se arrepiente?

-No había más remedio.
Porque en la limpieza, alguno quedó. Como todas las cosas, nunca es perfecto. No hay más. Los reclamos son por desaparecidos en Argentina, que tenían otro sistema. Ahí desaparecían.

A ver, con sana envidia creo que voy a llamar a agradecerle a María José este bombazo histórico/periodístico.
Así como creo que voy a intentar llegar a visitar a Gilberto Vázquez a la cárcel donde va a pasar sus restos de días de algo parecido a una vida que eligió padecer, para agradecerle a él también.
Por la memoria colectiva.
Nos hizo un bien grande al sincerarse y recordarnos a nuestras olvidadizas consciencias la lógica del exterminio.
Ellos siguen convencidos que los delitos de lesa humanidad que cometieron contra compatriotas, fue algo fantástico.
Sí, de la tortura, de la desaparición (perdón, limpieza le llaman ellos) de mujeres, niños, estudiantes, sindicalistas o el sospechoso que se les cruzara por delante.
Gilberto Vázquez se confesó ayer.
Y con la sinceridad de casi nunca.
Sinceridad brutal.
Cinismo total.